Posts Tagged ‘soñar’

Acariciar los sueños

11 agosto 2009

“El que quiera ser el primero, que se haga vuestro servidor”  (Mc 10, 44-45)

Si alguien me hubiera avisado de que, lo que escribí hace un año acabaría por hacerse realidad de la manera más providencial posible, no hubiera dado crédito alguno.

Ha transcurrido el tiempo suficiente como para perder grandes riquezas y pobrezas que desbordaban mi alforja: seguridades, miedos, certezas, asideros…

Tramo en baches, que sin embargo se torna nuevo aliento a mis anhelos. Perder para ganar, dejar de controlar cada minuto para abrirme a la sorpresa.

Y aquí están. A mis casi veinticuatros otoños en flor, me invade el vértigo de sentirme tremendamente afortunada. La fortuna de poder ir acariciando, dibujando con trazos tímidos mis sueños. TODOS mis sueños.

La vida me deja rozar, siquiera un poquito, con la yema de mis dedos, todos y cada uno de los profundos sueños que me hacen vivir despierta.

Ahora y como siempre, solo puedo decir GRACIAS. Sentirme en la infinitud del que espera, con el cielo como límite, aventura un nuevo mañana.

Se me regala una nueva oportunidad de aprender a amar, de viajar con mi historia al encuentro de otras historias que con certeza, quedarán enlazadas para siempre.

Perder el norte, mi norte, mis egoismos y vanidades, mis exigencias… encontrar el sur, mi sur, el lugar de los olvidados, la morada preferida de Dios.

Bangassou (República Centroafricana) me acogerá a partir de diciembre, se convertirá en el sueño que acariciaremos juntos, en el punto de inflexión de un corazón de carne.

Señor, con mis grandes torpezas, con mis sombras. Pero también con mis dones e ilusiones, sabiendo que poco voy a hacer…que eres Tú el que sigues obrando mi vida en salvación. Quiero embarrarme, meterme hasta el fango, modelar con mis hermanos el Reino que tú soñaste desde siempre.

Y a mis casi veinticuatro otoños en flor, si se trata de perder, yo sólo quiero perder el norte…que ojalá siempre, siempre, me lleve hasta el sur.

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Me basta

22 junio 2009

Aunque intentes eludirlas, ellas siempre llegan. En forma de casualidades, personas, momentos concretos o punzadas en lo profundo. No importa, siempre vuelven. Son los interrogantes que ahogan el minutero, porque  requieren paciencia.
El problema no es que las preguntas llamen a tu mente, sino que te martilleen el corazón. Entonces ya es demasiado tarde, te han visto, te han atrapado y no puedes escaparte.
Y yo lo confieso: las he estado evitando;se clavaban donde todavía mi ánimo no podía llegar, en lo insoportable de la incertidumbre y la soledad.

Domingo 21 de junio: buena compañía, guitarra a la espalda, papel y boli en mano. Le doy la bienvenida a la época estival y me dispongo a enfrentarme, por primera vez, a las preguntas que me claman, a los por qués sin porques

Es dificil condensar en una mañana la historia de toda una etapa, querer desgranar los rostros, colorear de nuevo en mi mente los paisajes o recrear las conversaciones que pronunciaban más “nosotros” que “yos”. Imposible no emocionarse con un sinfín de pequeñeces acumuladas a lo largo de estos años.

Me pierdo entre la naturaleza. Estoy sola. He logrado salir del ruido ensordecedor de la ciudad, del ritmo frenetico del horario y las prisas, y lo ùnico que oigo es el silbido de los pájaros y el crujir de las ramas de los árboles. He de reconocerlo también, aunque evito pararme; vivir el día a cámara lenta es una gozada, conecta con mi yo más profundo, conecta con ÉL.
Saco la guitarra. Miro a un lado, a otro. Continúo sola. Me parece casi increíble, encantador. Me atrevo a entonar a viva voz, sin importarme si desentono o canto mal. Entonces se desatan todos los sentimientos y emociones aprisionados largos meses atrás en mi corazón-coraza: brotan como un torrente, imparables, a borbotones,sin pedir permiso, sin enjuiciar nada. Simplemente son y están en mi. Pero no importa, no hay nadie, solos Él y yo.

Me permito una última pregunta: ¿Y cómo sería mi vida si mi camino no hubiera pasado por aquí, por Madrid?

No lo sé, y no tengo ganas de averiguarlo. Doy infinitas gracias por todas las curvas del sendero, por todas las encrucijadas, por las heridas cicatrizadas,por el esfuerzo con recompensa, por los sueños cumplidos, por… (imposible expresarlo en palabras).

Realmente ya no me importan las preguntas, ni las respuestas, ni los por qués, ni los porques; porque (cierto es que sí que atesoro algunos “porques”) me basta con saber que estás aquí.

Recojo el cuaderno, la guitarra, me calzo las zapatillas y retomo de nuevo la civilización. Con interrogantes, sin respuestas. Lo único que siento claro es que voy recuperando “mi amor primero”. Ya saben, ese que te toca y no te abandona jamás.

“Me basta“, simplemente. La forma es lo de menos. Estamos. ÉL y yo. Somos.

Ultimamente siento cómo se me estancan las palabras. Me resulta muy complicado sentarme a escribir. Pero casi ni esto me importa: “Me basta”. Yo me entiendo, y sé que Él también.

Desmorirse

18 febrero 2009

La Real Academia define el verbo desvivirse de la siguiente manera:

1. prnl. Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por alguien o algo.

Desvivirse es vivirse desde, desde otros, para otros, no sólo tu vida, sino impulsar un aliento callado, en la mayoría de las ocasiones, para que otros también puedan existir: Los exluídos, los olvidados, los abandonados.

Desvivirse es quebrar la barrera de la indiferencia, colarse en los sueños que se hacen realidad, abandonar tu película, por su película.

Desvivirse es querer, no sólo quererte, sino quererme, comenzando así una cadena de amor sin fronteras.

Desvivirse en entregarse, alcanzar esta utopía, con manos encalladas y barro en los zapatos, que sin embargo desnuda la pisada, ante toda tierra sagrada, abonada en un nuevo mañana.

Desvivirse es romperse, no en uno ni en dos, sino en mil pedazos con dueño, rostro y sufrimiento.

Aquí acaba de conjugarse este verbo, ¿Aquí?


Como ambas caras de una moneda., cuando te desvives, hay alguien que se desmuere, desconocido, tal vez, invisible, puede ser, pero a la par que nos desvivimos, otros se desmueren.

Desmorirse es ser un poco más persona, un poco más amado.

Desmorirse es ser tenido en cuenta, alzado de la basura, redimido de la soledad, acompañado en el desvelo.

Desmorirse es empezar a vivirse, ser bienvenido, considerado.

La Real Academia no dice nada al respecto del verbo desmorirse, pero yo sé, de vidas que se desviven, para que otras se desmueran, yo sé, que hoy soy un poco más yo, porque alguien se desvivió, y empecé a desmorir. ¡Gracias!

Historia de una mudanza

19 enero 2009

Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era alegría.

(Tagore)

Es sábado, ocho de la mañana. Mientras la ciudad aún duerme a su sueño de fin de semana, mi ser despierta al gélido roce de aire frío en la cara.

Nos disponemos a buscar el camión que hemos alquilado para la mudanza. ¡Jamás me había montado en un furgón de semejantes dimensiones! Empiezo a vivirme en la carretera con cierta superioridad al resto de vehículos que circulan, temerosos, al acercarse a nosotros.

Veinte minutos y la hemos encontrado: una mansión, una casa señorial procedente de una familia acaudalada, sin duda. Una casona que no dispone de un solo hueco libre, cada rincón, cada recoveco está habitado con cualquier tipo de artilugio, no encuentro ningún lugar en el que posar los ojos, mi mirada va y viene sin ton ni son, nerviosa, atónita.

La familia de dicha casa va a deshacerse de muchos muebles viejos: ya no los necesitan; nosotros vamos a recogerlos: otros sí los necesitan.

Es la historia que se repite impasible en todos los sitios del planeta: espacios inmensos que se llenan con aparatos inservibles y habitaciones hacinadas que se llenan con el sudor de la lucha y la esperanza. El desequilibrio, la locura. Pero siempre la esperanza.

Después de cargar camas, sofás y butacas, es el momento de regresar junto a las caras sencillas y sonrientes de nuestros hermanos, que harán de sus hogares un sueño más habitable.

Aparcar el furgón no es fácil. Intermitentes de emergencias, abrir las puertas, subir al camión, sacar los muebles, cerrar las puertas, aparcar en la calle siguiente; la misma operación.

Por último nos queda la casa de Carmen*, que se encuentra ausente. Abrimos con las llaves que ella misma nos dejó. Trasladar los muebles hasta el cuarto piso es una odisea que colmamos de risas, chistes, y alguna magulladura.

Entramos en el piso, el desierto total. La última vez que Carmen sufrió una crisis se deshizo de todos los muebles. Las paredes reflejan el rostro del despojado, del necesitado, del desahuciado. Una existencia rota, pero rota de verdad, en la soledad, el silencio, la desprotección.

Colocamos el salón, le hacemos la cama, le dejamos algunas toallas. Cerramos la puerta. A nuestras espaldas la realidad de un mundo que clama desgarrado ante tales situaciones. Pero siempre, la esperanza.

flor en tierra

Es domingo, nueve de la mañana. No me puedo mover de la cama, me duele todo el cuerpo. Mientras despierto a mi letargo con la calidez de una sábana y un techo donde resguardarme, pienso: quizás esto es el Reino,hacer la mudanza con los que no se pueden mudar.

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* Carmen es un nombre ficticio, para preservar la intimidad.

Si pongo corazón

2 octubre 2008

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
(Filipenses 4:13)

Despliego de nuevo las alas. Las agito al viento probando la armonía de su composición, y la magia que las hará volar, que me hará volar.
Ahí está la diferencia. Ahí está el pequeño-gran matiz que disipa en tinieblas la rutina. La vacuna que mata el virus del miedo, el instrumento que neutraliza el hecho de dejar que las horas, los días, los años te vivan sin pedirte opinión. Donde uno se juega la disparidad… la brújula interior a la que tantas veces hacemos caso omiso: nuestro precioso corazoncito.
“Si pongo corazón”, si le arrojo mis ganas al mundo, a mí misma. Si creo que de verdad PUEDO, si me dejo peregrinar en la confianza, todo seguirá igual, pero todo será distinto.

Este es un nuevo curso que comienza igual que otros. Aparentemente nada a cambiado, realmente, todo ya es diferente. Es un curso que volverá a convertirse en punto de inflexión, en decisión serena, en paso adelante y mirada al horizonte. Prácticas en la embajada, facultad de teología, grupos de revisión, misión, acompañamiento a los más pequeños. Todo estará lleno de gracia, si le pongo corazón, si me dejo deshacer.

Tantos compromisos bellos que se hacen fuego en mi interior, y tanta pobreza a la vez. Pero siempre, y sobre todo, las gracias derramadas ante tantas experiencias y personas que se hacen hueco profundo en lo que soy, en lo que tengo, en los sueños que aún me hacen volar (aunque tropiece).
Y he decidido (considero indispensable caer en la cuenta de que la mayor parte de las cosas que nos pasan las decidimos, y no existe un destino traicionero que no se pueda transformar), poner más corazón, perdón, mi corazón ha decidido hacerse más presente en medio de mi mundo interior y exterior.

No me faltan las ganas, pero me sobran miedos, igual que le ocurría a ese elefantito domesticado en el circo, que permanecía atado a una estaca diminuta porque siempre lo había estado, y de mayor olvidó que ya tenía la fuerza suficiente para liberarse de ella. No lo hizo porque no sabía que podía hacerlo. Sin embargo, alguien me leyó este cuento, de modo que comprendo que la mayoría de mis ataduras sólo son pequeñas estacas. No hay que temer.

Es una época de muchas historias, que aún necesitan ser tejidas al derecho, o al menos darle la vuelta al bordado. Empero, es el periodo de poner corazón, de seguir aguantando como las estrellas se mantienen en el firmamento, de tropezar, pero con sueños.

El regalo que compone la travesía más intrépida, la oportunidad de volar en compañía.

¿te atreves a volar conmigo?

Si pongo corazón (Rosana)

Si pongo ganas
si pongo corazón
si la ilusión me alcanza
Si le echo ganas
puede el viento y puedo yo
llenar de aire las alas
si pongo corazón
Déjame volar aunque tropiece con el cielo
hay noches estrelladas
y días que se estrellan contra el suelo
Déjame intentarlo aunque tropiece son mis sueños
si aguantan las estrellas
en una de estas noches contra el viento yo despego

Si pongo el alma
si me bendices tú
si Dios no da la espalda
Si vuelco en ganas
puede el viento y puedo yo
llenar de aire las alas
si pongo corazón

Déjame volar aunque tropiece con el cielo
hay noches estrelladas
y días que se estrellan contra el suelo
Déjame intentarlo aunque tropiece son mis sueños
si aguantan las estrellas
en una de estas noches contra el viento vuelo
Déjame volar…

Desnudarse en lo insondable

5 junio 2008

La gota que colma este loco delirio
paso a paso, palmo a palmo,
no es posible razonar, calcular,
sólo desnudarse en lo insondable,
revestirse de la paz.

La mirada suspira encuentro,
declina la palabra,
el silencio abraza,
una soledad poblada,
de fantasmas del pasado,
temores del mañana.

Para grabar a fuego en las entrañas
la ley de su transitar,
desnudarse en lo insondable,
revestirse de la paz.

Paso a paso,
huella a huella,
divisando el horizonte en llamas,
deshabitado de miedos,
derrotado de fantasmas.

Desnudarse en lo insondable,
calor,dulzura,vida,
revestirse en la mañana,
de una nueva claridad.

TeSs

de una conversación no-cualquiera.