Archive for the ‘vivir en abundancia’ Category

Ya se va…ya viene

31 diciembre 2014

El fin de año huele a compras, enhorabuenas y postales con votos de renovación. Y yo que sé del otro mundo que pide vida en los portales, me doy a hacer una canción.

(Silvio Rodríguez , canción de fin de año)

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Ya se va, ya viene otro. Irremediablemente los años se resbalan de las manos tan rápido como vuelan las hojas del calendario alentadas por un crudo y frío invierno.

Año tras año vuelvo a hacer balance, a no atreverme con un propósito de año nuevo ,y sin embargo siempre sucumbo. El de este… me lo reservo. Quizás a la vuelta de la esquina, cuando de nuevo estemos a 31 de diciembre, desvele su éxito o fracaso, quién sabe. Lo cierto es que la vida apremia, a cocinar despacio, a aprender rápido, a ir siempre adelante, a ser el primero… aunque sea de la cola del paro… a besar apasionado, a reír sin remedio, a saltar en la cama, a despeinarse bailando, a creer…aunque aún sea invierno…

Y yo… que sé del otro mundo, me gustaría vivir en una canción; esa que huele a libertad, a espíritu indómito y aires de habitar lo imposible, aquello que el corazón hambrea y las prisas o el cansancio se empeñan en desterrar.

Para este nuevo tiempo deseo tararear, descubrir que los milagros  son para uno, que los niños son quienes más enseñan y aprenden, que lo mejor siempre está por llegar. Así, sin más cantinela, sin más dilación, sin fuegos artificiales, aunque emborrachada de amor, de ese compañero que el Destino se escogió, aprieto fuerte las manos, hoy alzó mi oración, despido lo viejo y me abro a lo nuevo, doy gracias y anhelo, señal de que, aunque ya peine canas y vista arrugas, aún sigo viva.

Este año promete, seguir dando vida, seguir consolidando familia, seguir soñando y apostando, seguir creyendo para que todo se haga yelmo, seguir, seguir.

Feliz, recién nacer, ¡no perdamos el amanecer!

TeSs

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Gota a gota

18 septiembre 2013

Gota a gota,

golpe a golpe de cadera,

desarmando al mal sendero,

alumbrando el futuro que era,

y que ya llega,

que tú has sembrado en mis adentros.

Gota a gota,

vida y sendero,

decantando un vino nuevo

que desbarate odres viejos.

Pon que ahora, en cada gota,

no eres solo tú ni yo,

vida ensanchada que ya celebra el fermento.

Un nosotros que es ella, o él,

el aliento de lo nuevo,

de tu vida en la mía,

de una vida que no es nuestra,

pero que nosotros cuidaremos.

Gota a gota,

ya llega, ya es,

la lluvia que empapa la tierra,

que la riega en sequía,

que es tu vida,

cada vez más profunda,

más vida,

más tuya,

más nuestra.

Dulce espera

12 agosto 2013

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Te veo llegar cada dia
como a esta hora
y he tomado ya como costumbre
sentarme a esperar pa’ ver si alcanzo a tener
un vistazo de tu piel
por eso sigo fiel
cada día en la espera
tomando tus gestos
como madriguera
tu tranquilidad me equaliza
y ya quiero conocer
lo que te mueve
eso que te hace ser .

      Cultura Profética, La espera

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Querido hij@, querida lentejita; así es como te hemos llamado cariñosamente desde el momento en que supimos que estabas entre nosotros.

Hace meses que deseo escribirte esta carta, y sin embargo, cada vez que deslizo mis dedos sobre el teclado, la tarea me parece más osada, quizás menos íntima, demasiado atrevida.

Pero hoy lo voy a hacer, porque te lo debo, porque me lo debo, porque quizás, quién sabe, algún día tú puedas leer estas letras que para mí tienen todo el sentido, o quizás, quién sabe, algún día , yo necesite volver a ellas para darme cuenta de ese don tan inmenso, de esa vasija preciosa, que llevo yo entre mis manos de barro, en un vientre cada vez más abultado y palpitante, moreno y sereno, lleno de una vida que se esconde en el interior, y a la que estamos deseosos de descubrir.

¡Ya han pasado nueve meses! Sí, un embarazo, lo que se suele decir, lo que de hecho, es. Nueve meses más o menos conscientes de lo que está a punto de suceder, nueve meses más o menos difíciles en el fragor de una batalla que aún se libra en el exterior, y sobre todo, en mi interior. Nueve meses de incertidumbre y espera, de sueños e ilusiones, puede incluso que de verdadera inconsciencia.

¡Bendita inconsciencia! De momento no pretendo ceder a los impulsos de realismo al que muchas personas tienen a empujarte cuando intentas dar pasos definitivos en tu vida ―enamorarte, casarte, abrirse a la vida…―y es que deseo seguir soñando, seguir luchando, seguir anhelando una vida en abundancia que en algún momento creí perdida.

Y vuelan, las horas vuelan
y vuela el pensamiento con la intriga
como mariposaa …vuelan en la barriga
y vuelan …los días vuelan
mil oportunidades pa’ conocerte vuelan..

   Cultura Profética, La espera

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Papá y yo tenemos muchas ganas de incorporarte a nuestro humilde proyecto IMG_6842aún en construcción, a los sueños de juventud ― ojalá eternos― que nos dan alas y aún nos hacen creer que estamos aquí de paso para, desde lo pequeño, hacer de nuestra vida algo que merezca la pena… pero sobre todo, sabemos que, dentro de lo poco que sabemos de este nuevo oficio de la paternidad, tú nos vas a enseñar muchas cosas, nos vas a descubrir un mundo nuevo, vas a desarmarnos y a poner de nuevo el mundo patas arriba. No será fácil, seguro, pero más seguro es que será una aventura, e incluso, si sabemos tomarnos el camino con humor y sobre todo, con AMOR, será maravilloso, divertido, sorprendente.

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Tengo muchas ganas de contarte cosas sobre el África que me enamoró, y al que deseo llevarte muy pronto, vestirte con telas africanas de mil colores, cantarte canciones con la ida de tono que me caracteriza, contarte cómo nos conocimos papá y yo, la increíble historia de amor que para nosotros supone, pasear los tres de la mano…

Sí, ya sé que puede parecer idílico, irreal, demasiado happy , bueno, prefiero arriesgarme a soñar a lo grande, que a conformarme con muy poco.

Aunque lo más cierto es que tengo que darte infinitas gracias. Sí, desde ya, aún en mi interior, aún sin conocernos, tú me has salvado. Esto no sé si podré explicártelo alguna vez, esto solo lo entiendo yo, pero YA me has salvado. Dios a través de ti; has llegado a nuestras vidas, a mi vida, para “hacerlo todo nuevo”. Lo necesitaba, siempre he creído que los hijos no deben llegar para solucionar nada, pero tú has llegado sin avisar, poniendo bálsamo e ilusiones a caminos y rutas perdidas en mi interior.

Gracias, traes la alegría, eres la certeza de que Dios nos sigue mimando, de que  entre el miedo y la incertidumbre, eres el tesoro más grande que podemos arropar y acoger, mimar y contemplar.

Vivimos en dulce espera, no estaremos nunca preparados para una misión tan grande, pero estamos preparados para acogerte, cuando tú lo sientas, cuando lo desees, te esperamos, con nuestro corazón como hogar, y nuestros brazos para acunarte.

Te queremos,

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Una nueva primavera

6 abril 2013

“No dejes que envejezca un solo sueño, cosido a alguna almohada”

(Álvaro Fraile)

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Siempre he tenido una relación curiosa y especial con la primavera. Suele llegar como el torrente esperado durante meses, que deje colar entre las rendijas del invierno los tímidos rayos de luz destinados a convertirse en energía vigorosa, e incluso molesta, durante el verano.
Esa primavera, esos brotes verdes, esos árboles que vuelven a cubrir su desnudez con pequeños adornos violetas, o naranjas, o amarillos, o…, que recuerdan que aunque los hayamos visto en su máxima debilidad, se preparan para la mayor explosión de belleza y dignidad.
Esa primavera, la que casi todos los años “no hay quien la entienda”
Primavera al final del tiempo de desierto, en la que se busca un oasis, ojalá un pozo; primavera que recuerda que es necesario resucitar, resurgir, volver a vestirse de aquello que se es, aunque parezca que no siempre está.

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“Solo hay dos opciones, o vivos, o resucitados”

(Pedro Casaldáliga)

Y cada año, cada primavera que se viste ante mis ojos, mi vida ha sido transformada una y  mil veces por los acontecimientos que, precipitados sobre el oleaje de los días, reclaman un poco de esperanza, incluso cuando yo me empeño en vivir en invierno.

¡Es tiempo de vivir! ¡Es tiempo de resucitar!

IMG_5481Lo que más estremece un cuerpo y corazón menudos como el mío, es el hecho de que, incluso sondeando aquellos rincones más oscuros, esos que solo yo (y el Señor) conozco, aunque crea que me habita la muerte, existe una vida, pequeña, frágil, latiendo desbocada… en el seno de quien sin saber por qué, ha encontrado gracia.

¡Xaire, Él está con nosotros!
Qué ironía, sentirse tan pobre y albergar lo más grande, el regalo que se nos ofrece como préstamo, el tesoro de un hijo fruto del amor.

Es el momento, es el gozo, es el estallido de una nueva primavera que te susurra al oído: “al nuevo está brotando, ¿no lo notas?

«No tengas miedo tú no te rindas no pierdas la esperanza. No tengas miedo, yo estoy contigo en lo que venga… y nada. No puede ni podrá el desconsuelo retando a la esperanza. Anda… levántate y anda»

(Álvaro Fraile, Levántate y anda)

corazon de madre

 

PRO-viDencia

29 diciembre 2012

Pro-vivencia

“El que no tiene nada que perder tiene más de la mitad del camino andado para ser valiente”

Miguel Delibes, La sombra del ciprés el alargada

 

Es casi inevitable hacer balance, desenfundar la pluma y lanzarse implacable sobre el año que termina. Pasarle factura, chasquear con la lengua y darse cuenta de que hay miles de cosas que te gustaría haber hecho y no has podido/querido/sabido/… hacer, o prometerse que el próximo año, este sí, aunque termine en trece, será mejor.

Antes de que la vida siguiera demostrándome, que aunque no soy marioneta alocada, sí que empeñarse en controlar todo, en hacerse un plan a cinco años, o en saber lo que vas a preparar de comida para mañana, es imposible, también había redactado mi lista de propósitos para el nuevo año.

Alguien ya habló alguna vez de despropósitos, y me alegro de rescatarlo del baúl de los consejos sabios para nunca olvidar—merece la pena, no dejéis de redactar vuestra lista de buenos despropósitos para el año que comienza—.

Este verano pasaIMG_2826mos casi un mes en Italia. Mochila a la espalda, cordones prietos y cantimplora. Andamos casi 200 km recorriendo las huellas de San Francisco, y soñando y rezando aquello que pretende ser nuestro proyecto de familia, de vida.

La experiencia fue un bálsamo para sentirse cuidado a cada paso torpe que dábamos. Lo llamamos PROVIDENCIA, o pro-vivencia, como también me gusta sentirlo; la vida que se deja arrastrar desde el fondo hasta las nubes.

Sin apenas dinero en el bolsillo, sin planear cada etapa, sin saber dónde encontraríamos comida, o alojamiento, o… se sucedieron encuentros preciosos, paisajes de ensueño y vivencias que rebasaban cualquier expectativa… porque el límite es el cielo.

La redacción de nuestro proyecto quedó impregnada de esa Providencia, de una promesa ciega en la vida y en el Espíritu que nos habita, de las ganas de sentirnos enviados y estrujados hasta el límite, de futuro.

La vuelta a la vida cotidiana, a veces se hace sin embargo un poco más cuesta arriba. En pocos meses sentía esfumada la magia de un verano de abandono y descanso. Perdí la fuerza y la esperanza, la fe.

Me embargaron de nuevo las ansias de voluntarismo, de realizar mis empresas solo por puños, de atrapar, de poner entre la espada y la pared a los sueños, al destino.

Y de pronto llegaste . Todo empieza y todo acaba en ti, en el silencio, en las lágrimas que bañan, en el consuelo de tu abrazo incondicional, en todo, o en nada, pero en Ti.

En TI, que has construido un nosotros más cierto que nunca, lo impredecible en la tormenta, el respiro, la paz, la calma. Una  lista rasgada de todos los propósitos para el año que ya llega…
pies

Confiar, cuidar y regar la semilla que crece en lo escondido. Desde la Providencia, pro-vivencia, cada día susurraré al alba el deseo de abandonar la agenda y simplemente ser… con el año nuevo como la primavera con los cerezos
Feliz 2013, feliz pro-vivencias.

“El límite es el cielo”

 

Re-cordar

17 octubre 2012

Tú, el amor de mi vida

Porque dos acortan el camino, hacen más ligero el sendero, se dan, se entregan. Porque te amo, porque Re-cordar, pasar por el corazón, siempre es un regalo.

Te amo

Volver

31 diciembre 2011

“Crecieron hermosas floren en tu  jardín donde tú apenas viste  esparcir las semillas”

 

 

Se acerca el fin de año, que nos adentra en  la frontera del futuro, en la promesa de la eternidad de Dios hecho hombre en mi pobre pero amada historia.
Y solo puedo dar gracias, y solo puedo llorar de nostalgia.

La Vida en mi vida es un privilegio, y no sé cómo encajarlo. Me desbordar ser inmerecedora de tantas y tantas cosas que se me regalan, y todavía no calzo la humildad suficiente para saber acoger sin esperar dar algo a cambio; aún creo que el mundo se sirve de mí a base del trueque, del intercambio interesado, del interés amigo.

«Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá» ( Lc 12, 39-48)

Confío en poder responder con generosidad a tantas pequeñas maravillas que se hornean en mi vida.
Al final, de poco sirve acumular, o adquirir prestigio; lo que salvan son los nombres . El pequeño gesto, el detalle siempre a punto, brindar la sonrisa tímida en el momento justo…


Sí, los nombres propios, las personas que jalonan la historia, tantas personas que pasearán anónimas por sus vidas, y que ocuparán, sin embargo, un lugar privilegiado en la mía.
Quizás por eso dediqué toda una mañana a fotografiar a mis alumnos de bangassou y a grabar sus fotos con sus nombres en mi ordenador, como si a fuego los estuviera grabando en mi alma.
No quiero que mi torpe memoria los deslice al baúl del pasado sin más.

Ellos no lo saben, pero este año, en la misa del gallo, las lágrimas luchaban entre mis párpados recordando lo que viví junto a ellos. Nuestras luchas, nuestras incomprensiones, nuestras diferencias, y a pesar de las dificultades, ¡cómo crecí junto a ellos!…siendo, paradójicamente, yo la maestra, ellos los alumnos.

Aunque ya sé que en mi mundo al revés, esto no tiene importancia.

Para nuestros hermanos africanos, la fiesta de Navidad es una gran fiesta, la celebración se alarga durante horas, y nunca pueden faltar las danzas y  los cánticos inspirados.
Quizás es más fiesta porque no hay jamón, ni gambas, y realmente, pocos regalos, poco consumismo; es una verdadera fiesta del nacimiento de Xto, de la esperanza.
Imaginaba a tantas familias, alumbradas en medio de la oscuridad con unos pocos troncos sacados de la maleza de la selva, dando vueltecitas en una pequeña ollita que descansa sobre tres piedras, a la cena de Navidad, que quizás, este año, contenga alguna pieza de carne.
Esa es la verdadera Navidad. La de tantos pesebres al calor de un fueguito y de una familia repleta de vástagos, que no tienen más elementos que poner al servicio en estas fiestas, que su propia fe.
La fe de que Él vendrá y los salvará.

No sabemos cómo, ni siquiera cuándo, pero Él viene. Viene en tantos héroes anónimos que entregan sus años y su juventud en silencio, en tantos hermanos a los que les duele su prójimo, en tanto futuro por despertar.
Y entonces…. Mi corazón añora más que nunca… volver.
Volver a los sencillos, a las velas como faro, a la tierra ocre como suelo, al día a día por bandera, al cielo estrellado como manto… a Sus preferidos.
Volver al norte, ha desorientado de nuevo la brújula. En realidad nunca se puede volver, pocas cosas permanecen, salvo el amor. El amor de aquellos que nos han esperado y sostenido en estos años, el amor de aquellos, que incondicionalmente, se han alegrado por nosotros en la lejanía, y también, ahora, en la cercanía.
No sé si creer a Sabina con su “al lugar donde has sido feliz, nunca debes, tratar de volver”.
Es cierto, un gran vacío se ha apoderado de mí, la nostalgia, presa del recuerdo.

«Solo el vacío puede colmarse, no estés nunca repleto de ti mismo».

Solo el vacio puede colmarse de nuevo, no de mí, sino de Él, no de mí, sino de Ellos. Quizás por eso, aunque me encantaría decir muchas cosas, sigo necesitando el silencio…vaciarme de mis  yos abundantes para que Él sea.
Ahora estamos aquí, celebrando la Navidad, celebrando que Él viene otro año más, a salvarnos. Pero este no es un año cualquiera, es un año de promesas infinitas y de eternidades en danza, es el año en que diremos Sí, para siempre, Sí a caminar por las alturas,a dondeTú nos quieras llevar, buscando tu Reino.

Tu punto de vista puede cambiar el mundo

29 noviembre 2011

“Soñar es el principio de un sueño hecho realidad”

 

Quizás por ello Manos Unidas está llevando a cabo este concurso sobre el continente Africano. No es sólo cuestión de buscarse el ombligo, de mirar hacia los talones, puede tratarse, quizás también, de comenzar, soñando a cambiar el mundo.

Sea cual sea la motivación más o menos pura que me lleve a perder mi valioso tiempo en repasar por el corazón las imágenes de este tiempo africano, tan lleno de colores y sabores… prefiero eso a nada.

Un minuto de sus vida, un minuto de mis sueños, para toda la vida.

Si te gusta, puedes votarlo:

http://www.clipmetrajesmanosunidas.org/videos/africa-un-continente-de-colores/

Querida África

11 julio 2011


Siriri na nguia

Esta vez, esta carta, te la debo solo a ti.

A ti, que me has dado tanto, y me has quitado tanto que ya andaba sobrándome, gracias.
Sabemos cómo ha empezado todo: estar en el lugar adecuado, en el momento justo, confiar en la Providencia… y ¡plaf! Ya ha pasado un año y medio desde que me viste aparecer.

“Yo te conocía solo de oídas, pero ahora mis ojos te han visto” (Job 42,5)

Llegan con fuerza estos días los recuerdos de infancia en los que hacía pactos con mis compañeras del instituto, donde nos decíamos que iríamos a África, o los poster que pendían en las paredes de mi cuarto de estudiante, con niños africanos. Me siento tan poco merecedora y a la vez tan privilegiada… Un sueño alimentado durante años, que centuplica los fueguitos que arden bien adentro.

Ahora toca lo más difícil, empezar a decir adiós, des-acostumbrarse, soñar en ocres sobre el hormigón de la ciudad, creer que allá los árboles y las flores crecen a la velocidad vertiginosa con la que lo hacen en esta latitud del mundo.

Este lugar, llegado ya a ser cotidiano y desprovisto de exotismo, es mi casa. ¿Cómo pensar en dejarla? ¿Cómo no aferrarse a cada saludo, a cada atardecer?

Daniel Comboni decía que un verdadero misionero debía “vestir como ellos, comer como ellos, hablar como ellos”;  y no es por el gusto de sentirse misionero, sino por la necesidad de ser amado entre la gente que te acoge. La barrera cultural parece en ocasiones un abismo, es cierto; pero… ¡qué preciosidad saludarse con las cabezaditas tiernas! O desbaratar fronteras con mis brujitos, que a la consigna en sango de chúpame la mejilla, han aprendido a darme besos, o aquellos alumnos que te paran por la calle para darte las gracias por acompañarlos y quererlos. Estoy desbordada.

Yo nunca había visto a personas en fase terminal, a un enfermo de Sida, nunca había tocado a una persona enferma de lepra… ¡y cuánto he vivido en mi piel el encuentro de Francisco con el Leproso! Ellos no viven en mí en abstracto, ellos tienen un nombre y una estancia para siempre en mi corazón.

Estoy cansada. No sólo por todo el esfuerzo físico que demanda estar aquí, en este lugar tan desprovisto de cualquier tipo de maquinaria. Arrancar el coche es una proeza, lavar la ropa es toda una tarde, regar el jardín, arreglar en frigorífico empeñado en estropearse, intentar hacer ver a mis alumnos que mi casa no es el despacho, o atender a la cantidad de gente que suele agolparse a diario entre los barrotes de nuestra casa.

  Pero es ese cansancio que te da un puntito de  satisfacción y un mucho de plenitud cuando al caer la noche, al son de grillos, haces balance y te das cuenta de que eres una suertuda, que tu vida está llena de sentido y de personas, y que Él es quien todo hace posible.

Sin embargo te confieso que estoy muy triste. Que pensar en dejarte hace que las lágrimas quieran brotar a raudales. ¿Cómo puedo, allende, ser testimonio de la vida que brota por estos rincones?
Voy a echarte mucho de menos; pero no te preocupes, llevo la maleta a rebosar de telas, aquellas que me traerán siempre los colores de este continente de la esperanza.

Nuestro obispo siempre dice que África no deja indiferente, que África te transforma. Así me vivo yo, como agarrada por las manos del Alfarero, modelada en lo secreto. ¡Cuántas cosas he podido descubrir a lo largo de este tiempo sobre mi misma!
El trabajo, situaciones en las que nunca pensé que me vería, han ido transformando, suavemente, prejuicios y asperezas; con qué delicadeza me has acariciado, con cuánta paciencia y cariño me han tratado las personas que escogiste como anfitrionas.

Sí, creo que he madurado, creo que soy capaz de mirar a la vida de frente. ¿A dónde ya no podría mirar cuando has conocido la miseria del mundo? No tengo miedo ni ganas de esquivar la realidad sufriente a la que se encaran dos tercios de la población mundial, no me la han contado, la he visto yo.  Al contrario, existe un fuego, una llamada, siempre tan humilde como cierta, de hundir bien fuerte los pies en el barro, de comprometer la vida entera, y hacerlo para siempre.

Sin duda ha sido muy importante, fundante, acercarnos y conocer las condiciones de vida de nuestros hermanos en la cárcel, jóvenes carne de cañón, abandonados por su pueblo y por su gente, abuelitos huesudos consumidos por los garrotes de la injusticia, derechos humanos, tan torcidos… que hasta los renglones de Dios parecen por momentos, haber sido borrados.

Lo confieso, todavía no nos hemos marchado, y ya ando maquinando, planeando nuestro próximo encuentro. Habrá que seguir dejando a la Providencia actuar, luchar donde se pueda y como sea en lanzar nuestro granito de arena al viento, en dar voz a los acallados, oportunidad a los indignados.

“ Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti” (Salmo 137)

Te pongo en este tiempo en la cumbre de mis alegrías, gracias por todo, gracias por tanto.

Tuya ya, para siempre,

La gratuidad de una presencia

1 marzo 2011

 
Existen opiniones de todos los gustos para la estación seca. Hay quien prefiere el sol, a pasarse el día entre el barro; los hay sin embargo,  quienes detestan el polvo campando a sus anchas por todos lados. Soy de las que adoran el nivel del agua en la cintura, para disfrutar de los paisajes de ensueño y de un baño refrescante.
Mientras me preparaba un café, y me disponía a escribir un rato, un remolino gigantesco de hojas secas ha llovido del cielo.

Un viento huracanado nos ha envuelto como presa entre sus garras, y se ha producido el milagro.
El agua que da vida nos ha bendecido. Una lluvia como hacía meses no veía, ha regado la ciudad de Bangassou.
He saltado de mi asiento para abrir los brazos y sentir cómo un torrente me empapaba. Me sentía viva, me siento viva; una profunda alegría me cala hasta los huesos.

Partir para responder a los planteamientos vitales, partir para responder a la llamada, partir para encontrarse, partir para “ayudar”, partir para apaciguar los fueguitos que te arden, partir, porque en definitiva, la única manera de encontrarse es salir de algún modo; partir y no sólo, romperse.

Así el tiempo se preña de razones. Ya brota entre los muros de hormigón abandonados, el futuro que nos aguarda. Y no viene sino a confirmar que el mundo es un mar de fueguitos. Acá o allá, existe  un fuego que, una vez avivado, no te abandonará jamás.


Vivir la experiencia de ser el extranjero, el diferente, observado en cada rincón, en cada gesto; ha levantado en ocasiones muros, y en otras, los ha derribado. La mirada que venía estrenando, se ha acostumbrado. Me prometí a mi misma que no dejaría que pasara, pero el tiempo es sabio. Ya no puedo mirar como la primera vez, sin sentir que algo mío ha brotado aquí, que existe algo de este lugar que  me acompañará siempre como gotitas de eternidad en danza, y un algo—imposible de explicar—que  nunca me podrán arrebatar. No puedo dejar de ser la otra, y sin embargo, las tierras ocres se embarran entre mis pies,  y las flores que planto van germinando en lo escondido, enredadas a nuestra vida cotidiana.
Nuestro afán activista y utilitario, obsesionado de titulitis no puede impedir cuestionarse continuamente: “¿qué he venido a hacer aquí? ¿en qué estoy ayudando? ¿soy útil?”
En ocasiones las respuestas pueden ser negativas, aunque a mí personalmente, ya no me importa. Muchos intentarán admirar o alabar a la vuelta las situaciones vividas en esta latitud de mundo. Algunos no entenderían nunca el verdadero motivo. No importa. No me importa. Estoy viva y eso es lo importante; la única respuesta.

 

La gratuidad de una presencia

Estar por estar. Estar porque me han llamado, pero sin ser imprescindible. Estar porque es un regalo, sin apropiarse de los privilegios inmerecidos; estar, porque solo estar, ya cambia la vida. Estar porque otros me acogen, y también quieren estar conmigo. Estar simplemente, para ser con el otro. Estar para conocer, para empaparme, para aprender, para dar, pero sobre todo, para recibir.
¿Es entonces… esa gran labor con la que muchos me aprecian?
El africano de a pie no suele tener muchas palabras. No te agota con argumentos ni con grandes discursos. Se acerca, te tiende la mano y se sienta a tu lado. Puede pasarse horas sin hablar mirando al infinito. Ahí está, a tu lado. Es su presencia—su vida—la que se te está entregando.
Este es uno de los muchos regalos que se me han depositado entre las manos: dar la gratuidad de mi presencia—tantas veces silenciosa— junto a estos que me acogen y me quieren.
Porque…¿qué palabras puedo tener para la abuela semidesnuda y desnutrida, acusada de brujería?¿ o para la persona que se consume en una cama de hospital? ¿y para el alumno que me confiesa que  no tiene padres en los que refugiarse?
En ocasiones tantas veces mis manos se sienten impotentes…tantas ocasiones las lágrimas ahogan el fuego que crepita en mi corazón… tantas veces me siento tan poco útil…
No vine a salvar a nadie y sin embargo África me está salvando de tantas cosas.
Esa es la gratuidad de una presencia. Porque si nunca hubiera visto ese sol naranja a la altura de mi pecho, recordándome que sale para privilegiados y olvidados, no conocería la esperanza. Si no hubiera conocido a Juanjo, a Rodrigue, a Juan José y Mariam, a Nicolás, a las franciscanas, a Fidèle, a Martín, a Arantza, a Alain, a Benjamin, a Yovane y Omar, a Marcela, a Sonia, a… —tantos nombres que presentaré al atardecer de la vida—si no hubiera visto nunca un baobab, si no hubiera encontrado la cruz—mi cruz— del Sur, si no hubiera echado de menos a tanta gente que nos cuida desde el norte, si no hubiera sentido en mi carne la vergüenza de tener cada día un plato abundante de comida sobre la mesa, si no hubiera reído en otro idioma y cultura, si no hubiera bailado delante de esa gente que esperaba un pequeño gesto para demostrarles que quiero ser una entre ellos…
Si no hubiera sentido la satisfacción de los jóvenes que me saludan con un “buenos días profesora”; si no hubiera alguien que me dijera “no te vayas”, si no sintiera el nudo en el estómago cuando voy atesorando las fotos, si no me hubieran pedido matrimonio en día de Navidad bajo la luna llena y el cielo preñado de estrellas en plena naturaleza… yo sería un poco menos yo.

“Lo que tengo, te doy”. La gratuidad de ser lo que soy, sin maquillaje ni escenarios… contigo.

 “¿cómo podré agradecer tanta bendición? (Salmo 116)

La gratuidad de mi presencia pobre, pero enamorada, en el continente de la Esperanza.