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Si me atreviera a amar de ese modo

24 mayo 2008

Si me atreviera a amar de ese modo,

 robaría de cada gesto la presencia de lo escondido

 y pisaría siempre sobre tierra sagrada.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

tendría menos ganas de criticar al que me rodea,

y compartiríamos juntos el tesoro que ambos albergamos.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

eclipsaría el cielo para llevar una estrella

a todo aquel que necesita un poco de luz.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

cortaría algunos claveles de los jardines

y volvería hacer la revolución de Portugal.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

plantaría un árbol, aunque nunca lo viera crecer,

confiando en que la naturaleza haría su parte.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

creería para poder ver,

y vería hasta en el vuelo de una mosca,

que un infinito nos alcanza, que una vida nos abraza.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

acariciaría a los pájaros, silbaría con ellos,

construiría nidos en cada esquina.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

te diría Sí, no solo cuando el sol brilla,

sino cuando es de noche y no hay estrellas.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

te llevaría conmigo a todos los sitios

sin sentir ningún tipo de vergüenza,

sabiendo que Tú velas por todos.

 

Si me atreviera a amar de ese modo,

viviría como Tú,

muriendo poco a poco,

dando la vida.

 

TeSs

 

   Inspirado en una escena de la película “El indomable Will Hunting”.-‘Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo’-:

 

 

 

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Héroes anónimos

22 abril 2008

No salen en los periódicos, ni son los protagonistas de ninguna serie de televisión o culebrón, pero podrían serlo. Ellos son mis héroes, mis héroes anónimos. Vieron la luz del mundo como carne de cañón, pero no se conformaron con dejarse vencer por sus propias circunstancias. Se decidieron a forjar su propio destino y a colorear su propia alma, decidieron, pese a amenaza de derribo, construir su propio rumbo,  sobre un terreno asfaltado de luchas, miedos y desánimos, pero no cesaron de confiar en la Vida, de buscar salidas, y sobre todo nuevas “entradas”, no cesaron, nunca cesan…

Los llevo conmigo, en mi día a día, en los problemas que me cuestionan, en el intento de superarme a mí misma, en la alegría de cada paso que damos, en este nuevo mundo que se ha abierto ante mis ojos.

Pudiera enumerarlos, decir sus nombres, contar sus historias, sus hazañas, por qué son héroes, pero ellos son los míos, quizás no los tuyos y son anónimos, lo cual, para mí tiene un valor especial, puesto que conociéndolos, donde otros ven una persona más, yo veo un milagro.

 Sé que se agarraron fuerte a la vida en el momento más oscuro, y que eligieron salir adelante, luchar siempre  y en todo momento pese a la soledad, el abandono o el miedo que en ocasiones puebla nuestros agujerillos más inaccesibles.

El ejemplo de sí mismos me anima, me hace sentir afortunada de tenerlos junto a mi, o en el recuerdo, me hace pensar que es posible, que se pueden abrir caminos, que Dios existe, que los milagros siguen produciéndose en lo escondido de la ciudad, que el hecho de que otras personas entreguen su ser a Cristo y a los demás, tiene una lógica aplastante, éstos también son héroes, humildes y sencillos, pero héroes al fin y al cabo; por cierto, como todo buen héroe ellos intervienen diariamente en mi propia salvación.  

Pero henos aquí, igual que en las grandes historias, señor  Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros.  Ésas de las que no quieres saber el final, porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final, todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen: siguen adelante, porque todos luchan por algo.
-¿Por qué luchas tú ahora, Sam?-
Para que el bien reine en este mundo, señor Frodo. Se puede luchar por eso.