Archive for the ‘cuentos’ Category

Lo esencial es invisible a los ojos

3 junio 2008

Y volvió con el zorro. lo esencial es invisible a los ojos.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
-Yo soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo

 

Volvamos a lo esencial.  No importa tener mucho o poco, hacer o deshacer, si nuestro corazón no está saciado. Quizás tengamos que dar mil y una vueltas en derredor para llegar a comprender esto, pero al fin y al cabo, todos llegamos al mismo puerto: lo esencial de nuestra vida, quitar máscaras y dejarnos al descubierto, para así en la vulnerabilidad primera, caminar abrazando los sueños más puros y profundos, aquellos que sabemos nos colman.

El fin de semana pasado, un sacerdote muy querido hizo una reflexión que me caló bien hondo, y que quisiera trasmitir por aquí.

Hablaba de la necesidad de dar cambios, de no quedarnos como eternos adolescentes en el mismo sitio, haciendo las mismas cosas, dejando que el tiempo pase delante nuestra sin querer atrapar siquiera un poquito el instante presente y saborearlo como el último; planeando el futuro sin mover un dedo, edificando sobre arenas movedizas.La autopista de la felicidad

Normalmente, la autopista que nos lleva a nuestro lugar sagrado, en el que somos lo que somos y nos amamos como somos (decía que había que “dejarse amar del todo para amar a todos”) no suele ser la nacional; esta quizás para momentos concretos y recorridos cortos. La aventura que nos guía hacia el encuentro que no conoce fronteras, está trazada de infinitas curvas y callejones estrechos, que necesitan de mirada vigilante y mano firme para cambiar continuamente de marcha, donde no cabe el adormilamiento, pero donde la vida intensa está asegurada.

Aventura difícil, que sólo se comprende desde lo invisible, lo pequeño, hoy y ahora.

Cambiemos continuamente las marchas, no nos conformemos con poner “el punto muerto”, dejando pasar así cada instante sin hacer nada.

Por cierto, pensaba además que para poder viajar un poco más livianos, habría que soltar amarras. Me he dado cuenta de que en dos años, tengo cantidad de objetos inútiles acumulados en mi habitación, decididamente voy a hacer una gran limpieza,empezaré por lo exterior,  es demasiado peso para el viaje.

Por otro lado: “somos responsables para siempre de lo que hemos domesticado”, no conviene olvidarlo.

  TEsS

El bordado de Dios

21 mayo 2008

   Tengo hilos de todos los colores y tamaños, me encantan los de colores vivos, me apasionan si cambian de tono a medida que deslizas tus dedos entre la hebra, que no sea un hilo homogéneo, que se transforme.

   Hay algunas madejas un poco más oscuras, éstas no me gustan tanto, además, no recuerdo haber  comprado madejas tan feas, lo que a mí me gustan son los hilos de colores, ya lo dije antes. No sé cómo han llegado estas hilachas negras y ásperas a la cesta de mi “bordado”. No importa. Están ahí, así que voy a intentar desenredarlas para buscarles un lugar en mi composición, si es posible, que no desentonen demasiado con  el resto de hilos preciosos.

   Tengo un problema, mis manos no saben bordar, cuando mi abuela intentó enseñarme, en seguida me cansé y pencortar por lo sanosé que eran cosas de mayores…
   Me encuentro ahora con una cesta llena de hilos, algunos brillantes y atractivos, otros oscuros y ásperos. Podría intentar componer cualquier cosa, pero yo no sé coser, entonces me entran ganas de coger unas tijeras y acabar con el problema de unos hilos que no puedo manejar, cortarlos todos y tirarlos a la basura.

   Me daría pena, porque no está mal tirar los feos, que parece que no me pertenecen, pero ¿qué hago con los de colores vivos? Da igual, también tendría que tirarlos, recuerda que no sé coser, ni hilos feos, ni hilos bellos, yo no puedo hacer el bordado.

   ¿Qué hago entonces? Supongo que haría lo que cualquier persona sensata haría en mi situación: pedir ayuda. (Aunque le diera vergüenza de reconocer que no sabe qué hacer con unos simples hilos)
   De pronto aparece Él: mi costurero, el que todo lo hace nuevo, el que recoge del fondo del fango la madeja y la deshace con ternura, sin tirones, para no enredarla más, saca cada hilacha una a una, las separa, las hace más claras, para pasar luego al bordado. 

   Una obra delicada, laboriosa, con horas y horas de trabajo, aunque con avance lento, pero es necesario, para delimitar cada contorno, para situar cada hilo en una composición perfecta, combinando las hebras claras, las oscuras, sin dejar que se pierda ni un tramo de mi preciosa madeja, ya lo sé, ahora lo entiendo, esto debe de ser el bordado de Dios

dejarse des-hacer
Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando. Siendo yo pequeño, observaba el trabajo de mi mamá desde abajo, por eso siempre me quejaba diciéndole que solo veía hilos feos. Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: “Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde arriba”.  Me preguntaba por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y porqué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba.  Más tarde escuchaba la voz de mamá diciéndome: “Hijo, ven y siéntate en mi regazo.”  Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo solo veía hilos enredados. Entonces mi mamá me decía: “Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba.  Yo tenía un hermoso diseño. Ahora míralo desde mi posición, que bello. ”

   Cada uno, con el ovillo entre las manos, anhelando desenredar lo que ata, jugando a veces para no desesperarnos; quizás en esta ocasión habrá que dejarse des-hacer, para poder así desenmarañar la madeja, recomponer el bordado, en las manos de nuestro costurero maestro.

                                                                                                                                          TeSs

Confiar en la providencia

19 abril 2008

“¿Cómo se aprende a confiar en la providencia?”

 

“Confiar en la Providencia,

dijo el Maestro, es como entrar en un

restaurante de lujo sin llevar un céntimo

en el bolsillo y encargar docenas de ostras

con la esperanza de hallar una perla

con la que pagar la cuenta.”

Anthony de Mello

Un minuto para el absurdo

perla preciosa