Volver

“Crecieron hermosas floren en tu  jardín donde tú apenas viste  esparcir las semillas”

 

 

Se acerca el fin de año, que nos adentra en  la frontera del futuro, en la promesa de la eternidad de Dios hecho hombre en mi pobre pero amada historia.
Y solo puedo dar gracias, y solo puedo llorar de nostalgia.

La Vida en mi vida es un privilegio, y no sé cómo encajarlo. Me desbordar ser inmerecedora de tantas y tantas cosas que se me regalan, y todavía no calzo la humildad suficiente para saber acoger sin esperar dar algo a cambio; aún creo que el mundo se sirve de mí a base del trueque, del intercambio interesado, del interés amigo.

«Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá» ( Lc 12, 39-48)

Confío en poder responder con generosidad a tantas pequeñas maravillas que se hornean en mi vida.
Al final, de poco sirve acumular, o adquirir prestigio; lo que salvan son los nombres . El pequeño gesto, el detalle siempre a punto, brindar la sonrisa tímida en el momento justo…


Sí, los nombres propios, las personas que jalonan la historia, tantas personas que pasearán anónimas por sus vidas, y que ocuparán, sin embargo, un lugar privilegiado en la mía.
Quizás por eso dediqué toda una mañana a fotografiar a mis alumnos de bangassou y a grabar sus fotos con sus nombres en mi ordenador, como si a fuego los estuviera grabando en mi alma.
No quiero que mi torpe memoria los deslice al baúl del pasado sin más.

Ellos no lo saben, pero este año, en la misa del gallo, las lágrimas luchaban entre mis párpados recordando lo que viví junto a ellos. Nuestras luchas, nuestras incomprensiones, nuestras diferencias, y a pesar de las dificultades, ¡cómo crecí junto a ellos!…siendo, paradójicamente, yo la maestra, ellos los alumnos.

Aunque ya sé que en mi mundo al revés, esto no tiene importancia.

Para nuestros hermanos africanos, la fiesta de Navidad es una gran fiesta, la celebración se alarga durante horas, y nunca pueden faltar las danzas y  los cánticos inspirados.
Quizás es más fiesta porque no hay jamón, ni gambas, y realmente, pocos regalos, poco consumismo; es una verdadera fiesta del nacimiento de Xto, de la esperanza.
Imaginaba a tantas familias, alumbradas en medio de la oscuridad con unos pocos troncos sacados de la maleza de la selva, dando vueltecitas en una pequeña ollita que descansa sobre tres piedras, a la cena de Navidad, que quizás, este año, contenga alguna pieza de carne.
Esa es la verdadera Navidad. La de tantos pesebres al calor de un fueguito y de una familia repleta de vástagos, que no tienen más elementos que poner al servicio en estas fiestas, que su propia fe.
La fe de que Él vendrá y los salvará.

No sabemos cómo, ni siquiera cuándo, pero Él viene. Viene en tantos héroes anónimos que entregan sus años y su juventud en silencio, en tantos hermanos a los que les duele su prójimo, en tanto futuro por despertar.
Y entonces…. Mi corazón añora más que nunca… volver.
Volver a los sencillos, a las velas como faro, a la tierra ocre como suelo, al día a día por bandera, al cielo estrellado como manto… a Sus preferidos.
Volver al norte, ha desorientado de nuevo la brújula. En realidad nunca se puede volver, pocas cosas permanecen, salvo el amor. El amor de aquellos que nos han esperado y sostenido en estos años, el amor de aquellos, que incondicionalmente, se han alegrado por nosotros en la lejanía, y también, ahora, en la cercanía.
No sé si creer a Sabina con su “al lugar donde has sido feliz, nunca debes, tratar de volver”.
Es cierto, un gran vacío se ha apoderado de mí, la nostalgia, presa del recuerdo.

«Solo el vacío puede colmarse, no estés nunca repleto de ti mismo».

Solo el vacio puede colmarse de nuevo, no de mí, sino de Él, no de mí, sino de Ellos. Quizás por eso, aunque me encantaría decir muchas cosas, sigo necesitando el silencio…vaciarme de mis  yos abundantes para que Él sea.
Ahora estamos aquí, celebrando la Navidad, celebrando que Él viene otro año más, a salvarnos. Pero este no es un año cualquiera, es un año de promesas infinitas y de eternidades en danza, es el año en que diremos Sí, para siempre, Sí a caminar por las alturas,a dondeTú nos quieras llevar, buscando tu Reino.

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5 comentarios to “Volver”

  1. Noe Says:

    Gracias por compartirlo. Gracias por tener, no solo en tu tarjeta de memoria sino también en tu retina, los cientos de pares de ojos con los que has tenido la suerte de cruzarte en tu amada tierra der sur.

    Gracias por tus silencios, por querer seguir creciendo cada día.

    Gracias por tu sí, por ese si que va a llenar el 2012 de esperanza.

    Y gracias, mi TeSsorito, por formar parte de mi cotidaneidad.

  2. sapereaude2011 Says:

    Ufff, acabo de regresar de una convivencia con mi comunidad para celebrar fin de año, al estilo de taize, con una oración por la paz en la noche del 31, y ha sido genial. Abro ahora el correo y leo docenas de felicitaciones superficiales… y de repente entre todas leo este post de tu blog, GRACIAS!! era lo que necesitaba para volver a conectar, para seguir soñando un nuevo mundo posible, para sentiros cerca, como hermanos…
    Os quiero!!

  3. Elena Pajuelo Says:

    Guapa! Feliz año, felices promesas, feliz nacimiento de Él en ti, en nosotros.
    Va a ser un gran año!
    UN besazo

  4. Álex Says:

    Mi corazón añora, más que nunca, VOLVER siempre a ti para escuchar en tu corazón el latido de Dios que nos impulsa hacia el porvenir.

    Gracias. Tú lo sabes 🙂

  5. Noe Says:

    Desde el día que leí tu entrada yo sabía que esta entrada me recordaba a algo, a alguien… pero no sabía a qué. Hoy al mediodía andaba con mi sobrino de paseo por las calles transitadas, y alborotadas, y entonces, como si hubiera sido providencial, la escuché, la canción Volver de Buika. La interpretaba una chica africana, con una cara preciosa y una emoción que se palpaba (si, yo me he emocionado). No he podido sino pararme a escucharla, disfrutarlo y aplaudir (mi sobri también aplaudía, :P). Inevitablemente he pensado en vosotros, y he recordado esta entrada… y necesitaba contártelo.

    La canción es esta: http://www.youtube.com/watch?v=LI4iyO6tU-I

Huellas en la arena

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