Será un izquierdo

Mi compañero de camino, de vocación docente, siempre dice que hay que educar en las estrellas. Ayudar a los jóvenes a que lleguen a ser todo lo que están llamados a ser. Donde el límite es el cielo, y cada persona está llamada a brillar con luz propia.

Es una vocación maravillosa, una responsabilidad constante, acompañar vidas mientras las acoges en tus manos como el tesoro llevado en vasijas de barro. Modelable, frágil.

Pero tengo la impresión de que hay lugares en los que educar es más fácil que en otros, donde creer en el futuro no exige un esfuerzo titánico; lugares en los que un bolígrafo no constituye un tesoro, y en los que los libros pesan demasiado en la mochila.

Ahora soy yo la que tiene una pizarra como instrumento, como don. Cuando llego a clase, mis treinta alumnos se levantan para darme los buenos días, para sentarse a continuación todos a la vez en silencio, escrutándome con la mirada.

Tengo la sensación de que se preguntan si yo, venida del paraíso europeo, creo en ellos. Y yo, en esas milésimas de segundo que pudieran servirme de reflexión para la vida entera, también me pregunto si creo en ellos, en su enorme potencial, pero sobre todo en el futuro que los aguarda.

Y cuando eres el único que utiliza libro para la lección, cuando ni siquiera puedes permitirte el lujo de hacer fotocopias, o cuando pasas más de la mitad de la clase escribiendo en la pizarra cada enunciado, perdiendo un tiempo que podría ser precioso, creer en la educación cuesta.

Consciente de que en innumerables ocasiones son ellos los que me enseñan, ávidos de conocer, de saber, de seguir adelante, de luchar… he optado por quererlos.

Por quererlos pobremente, como yo sé. De momento mi logro es conocer sus nombres y sus apellidos ―aunque sea casi imposible pronunciarlos―; no optar por castigos que impliquen sujetar de rodillas enormes piedras sobre la cabeza, ni dibujar un marcador que sitúe a cada alumno en una posición ―desde el primero al último de la clase―. Vivir sencillamente con ellos, en medio de ellos, enseñándoles lo que yo sé, dejándome enseñar por todo lo que ellos saben.

Estos alumnos que, a pesar de recorrer grandes distancias a pie para llegar al instituto o de verse obligados a trabajar después de clase, tienen suerte. Cuentan con ciertas instalaciones, con clases diarias, con un seguimiento serio por parte de los profesores.

De primeras resulta cómico. Varias cañas de bambú como columnas, hojas como techo, troncos de madera cortados a modo de pupitre y una pizarra tímida en el rincón, que asegura que estás en un colegio.

Se trata de Yongofongo, y ese es su colegio.

Cuando lo cómico da paso al realismo, la frontera se abre un poco más. Yo, que ya me creía cerrando brechas, me vuelvo hacia el abismo.

Mi repertorio musical saca de improviso una de las preciosas letras de Silvio Rodríguez: “Si el saber no es un derecho, seguro será un izquierdo”.

Y entran ganas de llorar…

Pero como oigo a menudo por estos ocres ardientes: prohibido desanimarse. Y creo. Creo que el saber es un derecho, un derecho  no reservado a  unos cuantos. Y creo que otro mundo es posible, si nuestras manos unidas se ponen manos a la obra.

Bangassou no conoce las farolas. Durante el día se ilumina del sol abrasador, por la noche de las lamparillas de aceite o las hogueras que indican dónde hay una familia reunida al calor del fuego.

Mi casa tiene luz eléctrica las 24 horas del día. Todo un privilegio. Detrás de casa hay un tronco acostado, que sirve de banco. Uno de los primeros días de mi estancia en Bangassou, al mirar por la ventana hacia el tronco iluminado por la luz del porche, me asusté al vislumbrar una sombra inmóvil y en silencio. No una, varias.

Tuve el valor de acercarme en medio de la penumbra, y me quedé con la boca abierta. Varios jóvenes sentados sobre el tronco, libreta en mano. Aprovechando la luz que esta casa puede ofrecerles, estudiando. De noche. Al aire libre, en plena naturaleza, rodeados del silencio sonoro de la selva, con la luna como compañera.

Y entonces comprendí.

Esto es lo que mi compañero llama educarse en las estrellas.

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14 comentarios to “Será un izquierdo”

  1. CECI Says:

    Siempre escuché a un amigo decir que si Mozart hubiera nacido en otro lugar que no fuera en el que nació ¿se habrían desarrollado sus dones?, no es tanto lo que uno tiene sino también como uno lo desarrolla, eso está claro… y la verdad es que, Tess, considérate un instrumento para ellos, sé esperanza y posibilidades para ellos, muy poca gente tiene la valentía de hacer lo que tú haces, y por eso, desde mi cobardía, te doy las gracias.

    Un besazo.

  2. Analía Says:

    Entro en lo que estás “contando” y se me pone la piel de gallina. No porque uno no “conozca”, al menos de oídas o leídas, situaciones, historias, contextos…
    Pero saberte ahí, sentirte ahí, y asomarnos desde tus palabras ahí, hace que todo tenga un eco especial hoy para mí.
    Me surgen demasiadas cosa dentro ahora, pero lo que más, es un sentimiento muy intenso de gratitud por todo lo que se ma ha dado gratis, y un sacudón fuerte en la responsabilidad de “derramar” lo que uno es, también GRATIS y sin guardarse nada.
    Tess, a no desanimarse!! Va un abrazo bien fuerte…Rezo para allá!!

  3. Álex Says:

    Cuando apagamos las farolas se encienden las estrellas.

    Cuando dejamos de mirar con nuestros ojos acostumbrados resplandecen los milagros, creemos de nuevo en la esperanza.

    Gracias. Singila mingi, kete nyigbia ti mbi. Mbi ye mo mingi lakue, seku na seku.

  4. Sonia Says:

    GRACIAS. Al leer lo que has escrito, por un lado, me surge un sentimiento de admiración por tu entrega y tu fuerza, y por otro, de rabia-tristeza-cabreo con este mundo por tanta injusticia… Pero no tiro la toalla y me ayudas a recuperar, un día más, la motivación y las ganas de coger la vida en peso, de ensuciarme las manos y de seguir implicándome con mis alumnos en el aula, y también fuera de ella, para que entre todos hagamos este mundo un poquito más justo y habitable. Nuevamente, GRACIAS.

  5. Mois Says:

    “Los apóstoles dijeron al Señor: -Auméntanos la fe. El Señor dijo: -Si tuvierais fe como una semilla de mostaza, diríais a este sicómoro: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y os obedecería. Lc 17, 5-6”

    Si tuviera fe como una semilla de mostaza no me asombraría de todo el amor que estás desbordando, ni me sorprendería creer en el futuro de personas que, a pesar de las dificultades, creen firmemente en su futuro.
    Si tuviera fe como una semilla de mostaza no te daría las gracias por hacer lo que haces, estaría ahí contigo, habiendo perdido el miedo a lo desconocido, a la incomodidad, a enfrentarme a mí mismo, a mi egoísmo.

    Ay, si tuviera fe como una semilla de mostaza…

  6. Yuan Says:

    Admiro. Oro. Agradezco. Ánimo, TeSs!

  7. perlegrino Says:

    Sencillamente lindísima…

    Me ha emocionado, me ha transportado unos meses atrás, otro lugar del planeta, pero exactamente la misma sensación.

    Gracias por compartirlo y compartirte en cada palabra!!

    perles

  8. Cecilia Says:

    Gracia Tess:
    estoy muy emocionada por lo que me transmitís. También estuve pensando que cuando todo lo tenemos a veces no sabemos valorarlo en su justa medida. Soy docente y mis alumnos pueden acceder a todo y por acceder a todo a veces no valoran y a mi también me pasa el encuentro que significa estar con un profesosr y con alumnos. De seguro para “tus africanitos” sos su más preciado tesoro ya que sos el puente a un mundo diferente en el que poder leer y escribir puede ser el pasaporte a la libertad. Qué bueno tener estrellas como vos que iluminan cielos-vidas. Gracias y te mando un abrazo enorme. Cecilia

  9. Laura Says:

    sin palabras Tess, me encanta leerte, te lo he dicho muchas veces pero no me canso…
    FELIZ PASCUA!

  10. Noe Says:

    TE QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

  11. Gladys Budano Says:

    Hola a todos.
    Si se pudiera juntar,
    Toda la rabia del mundo,
    Por la injusticia,
    Se haría una montaña,
    Tan alta de piedra lisa,
    Que toda maldad rebelaría.

    Mostraron tu cuerpo inmóvil,
    En brazos te iban llevando,
    Tu padre, de rabia pateaba los muros,
    La muerte te había encontrado,
    Un franco tirador,
    A los once años tu vida apagaba.

    Son hijos que mueren,
    Hay padres llorando,
    Son tantos los gritos,
    Dios va a escucharlos.

    Montaña de piedra lisa,
    Que alto has llegado,
    Las piedras la junto las armas,
    El hombre, hizo el trabajo,

    La sangre te volvió volcán,
    La lava tanto llanto,
    Un día estallarás,
    Y consumirás lo malo.

    Hay señales en los números de la Biblia. fin del mal en la tierra.
    Dios los ven diga a todos a su Monte Santo de Sión.

    http://www.taringa.net/posts/info/4303881/se%C3%B1ales-en-los-numeros-de-la-biblia,fin-de-los-tiempos.html

  12. Chumi Says:

    Yo también viví la experiencia de “educar” un poquillo en plena naturaleza guatemalteca. Es de destacar el respeto y el aprovechamiento de las clases que, aunque no eran abundantes en contenido pero no existía el concepto de distraerse, de hacer bromas… y por supuesto la educación de levantarse cuando entras. Ese respeto que no existe en nuestro primer mundo, ese aprovechamiento de la mínima luz para el estudio, cuando aquí derrochamos luz para la videoconsola (en mi caso para mi portatil ahora mismo).

    Así que apago por hoy, me aplico y me pongo a estudiar con los “tristes” 5 Watios de mi lámpara de mesa.

    Besitos Tess, gracias por compartirte 🙂

  13. El barro del alfarero | Recién nacer la ternura Says:

    […] es sentirse protagonistas de verdad?―. O cuando, ya de noche, al otro lado de nuestra pared, hay quienes aprovechan la luz que emite la casa ―la misma que falta en las suyas― para releer los apuntes del día después de una dura […]

  14. Recién nacer la ternura | Álex Segrelles Says:

    […] es sentirse protagonistas de verdad?―. O cuando, ya de noche, al otro lado de nuestra pared, hay quienes aprovechan la luz que emite la casa ―la misma que falta en las suyas― para releer los apuntes del día después de una dura […]

Huellas en la arena

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