En la frontera

…Pero si alguna vez os pregunta alguien, u os gustaría decir que tenéis una conocida que duerme bajo un mosquitero, con el cuarto lleno de animalitos y está a punto de comer mono y termitas, decidle sobre todo que…

Bangassou, mes primero.

El corazón de África me está robando el corazón. El polvo del camino se adhiere a mis sandalias, a cada paso, un poco más. Cada vez resulta más complicado desteñir de ocre mis ropas, mi calzado ―ojalá también mis manos, si lograran embarrarse con el barro de la vida―; cada vez es más complicado separarme de esta tierra tan inmensamente rica y castigada.

Los senderos tortuosos, de baches y agujeros que sobrevienen sin previo aviso, se convierten así en una metáfora de la propia vida, de una lucha constante por conquistar el hoy y poder soñar el mañana.

El paisaje se reviste sin embargo de una belleza indescriptible.

Al borde del camino, aparentemente inmóviles, se suceden con majestuosidad y elegancia un abanico innumerable de árboles en eterna primavera. Mangos, papayas, plátanos, mandioca… la pacha mama que alivia y sustenta a los habitantes de esta tierra. Tierra ocre que todo lo impregna, con la que crear ladrillos para construir, en la que cultivar, en la que sembrar ¿el futuro?

La selva se torna de un atractivo y una magia extremos. Extendida por toda la ciudad, se reserva siempre una parte impenetrable, peligrosa incluso, misteriosa. Tengo la impresión de que ocurre del mismo con sus gentes, de mirada en ocasiones desafiante, seria, punzante. Me cruzo a diario con mujeres que no dicen nada pero que lo dicen todo, con niños que gritan en silencio por un poco de dulzura, aunque sea en forma de caramelo, con pesadas cargas, trasportadas en silencio sobre la cabeza, con unos ojos negros que te desarman a cada instante.

El río Mbomou atraviesa todo el pueblo de Bangassou. Se convierte así en el límite que separa la República Centroafricana del Congo. De este modo, cuando bajo al río mientras se pone el sol naranja ―siento que África me esperaba para atardecer conmigo― diviso, no muy lejos, una misma realidad, con distinto nombre. Siempre he estado ―aunque antes no lo sabía― en la frontera.

Existe una línea invisible; aunque trazada por el color de mi piel, por la ropa que visto, por el dinero de mi cartera, y por un billete de avión que en un momento dado me devolverá al confort y al bienestar que separa lo que en un principio podríamos llamar dos mundos diferentes, que se hacen abismo en una brújula que determina sin piedad el norte y el sur.

Una frontera invisible se hace paredón entre esta gente y yo. Soy consciente de que siempre seré una extranjera, de que nací con ciertos privilegios inmerecidos, de que yo no vengo a salvar a nadie. Aun así, es un reto y un regalo maravilloso ir desmenuzando poco a poco esta barrera. La de mis miedos, la de contemplar desde la línea tanto dolor y tantas historias rotas por las que sólo me atrevo a pasar de lado. La frontera del prejuicio, de la etiqueta fácil, de la falsa compasión que en el fondo me deja en la pasividad, en la desesperanza.

Aún desenraizada, trasplantada de una punta de la brújula a la otra, sin los asideros que me daban seguridad, sin tener todo bajo control, dejándome enseñar hasta en el detalle más pequeño, consciente de que mi sabiduría occidental no es aplicable en la inmensa mayoría de las necesidades prácticas del día a día en Bangassou. Es la lógica de toda ilógica. La que vino a enseñar, aprendiz de todo, necesitada de todo.

En una tierra que todavía me resulta tierra de nadie no puedo permanecer por mucho tiempo. Quiero echar raíces, quiero florecer con este paisaje de eterna primavera, quiero cruzar la frontera, siempre hacia el sur, hacia los favoritos, hacia el sol naranja a la altura del pecho.

Y si así fuera, se haría carne la canción:

«Yo no sé de dónde soy; mi casa está en la frontera y las fronteras se mueven como las banderas. Mi patria es un rinconcito, el canto de una cigarra, los primeros acordes que yo supe en la guitarra. Soy hijo de un forastero y de una estrella del alba… y si hay amor –me dijeron– toda distancia se salva.»

JORGE DREXLER, Frontera

Sería el desafío, hecho regalo.

, en la frontera

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16 comentarios to “En la frontera”

  1. maca Says:

    Gracias.
    Gracias porque a través de tus palabras haces que imagine aquellos paisajes.
    Gracias porque traes a mi vida sentimientos que estaban dormidos.
    Gracias por ser como eres, por tu valentía, por tu serenidad espiritual, por darme tanto cada vez que escribes.

    un abrazo inmenso. Estás en mi oración… en búsqueda.

  2. Álex Says:

    Las fronteras se vuelven barreras cuando las llenamos de nuestras lógicas humanas, puestos a la defensiva, temerosos de ser invadidos en lo más genuinamente nuestro…

    …pero las fronteras pueden ser también territorios permeables, espacios de encuentro, invitaciones a salir de nuestros baluartes y a descender allá donde fluye la vida. El que viaja hacia la frontera abandona forzosamente sus seguridades más íntimas, se encamina en dirección al territorio donde todo es posible.

    Tu mirada de frontera atraviesa fronteras y nos devuelve a una verdad profunda: todos estamos en camino, lindando siempre con lo aún desconocido, portando un pasaporte para la sorpresa de después.

    Gracias por obrar el milagro de traer aquí los sabores y aromas de allí, por confundir mágicamente en nuestros corazones, en el mío, la lógica de todos los adverbios de lugar.

    Mbi ye mo! Seku na seku. Ge na ka…

  3. analia Says:

    Tess!!! Gracias por compartirte desde allá!

    Me dejas pensando muchas cosas… esto de ser extranjero…de estar en las fronteras… de estar en “tierra de nadie”…
    Quizás todos debieramos vivir un poco así; después de todo acá todos vamos de camino, peregrinos, hacia la misma casa.
    Ayer te he tenido especialmente presente en el Evangelio. Una invitación clara a SER discípulos, a cargar solo lo necesario para ponerse en camino. Y a buscar desde lo hondo, aquello que es Absoluto, al Absoluto por sobre todas las cosas.
    Rezo para allá amiga! Te pienso, te imagino, te acompaño!

    Un fuerte abrazo!!

  4. analia Says:

    ahhh…y me ENCANTA JORGE DREXLER!!! desde hace mucho!!!!!!!!!!!

    Que lindo que lo guardaste por acá…

  5. Felipe Vidal Says:

    Te tenemos presente. Caminamos juntos. Besos

  6. Santi Casanova Says:

    Éste último comentario, el de Felipe, era yo pero sin darme cuenta tenía su cuenta abierta. Felipe es de mi comunidad. Lo dicho…!!1

  7. Martuky Says:

    MIL GRACIAS Tess!!

    Por compartirte desde allá, por lograr transmitir tantísimo en unas líneas, por querer que caminemos contigo por las fronteras, por animarme a seguir buscando…

    Te tengo muy presente en mi oración.

    Un besazo grande!!

  8. alis Says:

    Caminamos Tess…

  9. maryi Says:

    me ha encantado leerte.
    gracias tess.
    un beso fuerte

  10. Cecilia Says:

    Querida Tess
    Muy hermoso lo que has escrito, sigo tu blog hace ya un tiempo, qué profundidad. Gracias por esto. Pienso también en los contrastes de una tierra como África, comienzo del mundo. Amigos que la han visitado o que incluso allí viven recalcan mucho su riqueza y también sus pobrezas, de las que el mundo occidental muchas veces no quiere mirar. Pero gracias a Dios hay gente como vos que nos comparte y aviva el corazón para conocer que las fronteras sólo están en nosotros y que en nosotros están las no fronteras. Un abrazo desde Argentina. Cecilia

  11. Víctor Blanco Says:

    Pace e bene, sorella:
    Eres, aquí, un auténtico “regalito del Señor”. En nuestras estresadas agendas, en nuestro devenir diario, en nuestras horas fugaces,… eres eso: un auténtico don, una bolsa de oxigeno, una parada para descansar, para pensar, para valorar,…, una voz que escuchar, un rumbo para no perder, una llamada de atención, la certeza de otros latidos, la esperanza de manos unidas, la realidad de un sueño,… Gracias Tess, por hacernos partícipes de tanta Vida,… por ser, desde el sur, norte,… por ser inquietud en nuestros corazones y alabanza en nuestra oración,… gracias, hnita.

  12. Yuan Says:

    TeSs:
    Nos edificas enormemente.
    Te llevo en la oración.
    El pobre de Asís te acompaña.
    Seguimos con los ojos abiertos para aprender y dar luz!
    Abrazo desde la jungla de New York.

  13. Elena Says:

    Me emocionas a cada palabra. Y vibro imaginando la vida allí. Sólo imaginando porque sé que una experiencia así no se puede explicar hasta que no lo sientes de verdad. Hay que vivirla. Gracias por VIVIR cada minuto, allí y aquí, es una gozada leerte, seguirte, sentirte.
    UN abrazote!
    Elena

  14. Guillermo Says:

    Gracias Tess.

    guillermo

  15. El barro del alfarero | Yo te saludo, África Says:

    […] del pueblo, el que se muestra tantas veces incapaz de comprender la cultura local, el que permanece al otro lado de la frontera… El que tiene, sobre todo, un raro color de piel. El blanco de todas las miradas: acogedoras, […]

  16. Yo te saludo, África « Fe, Arte, Solidaridad… y Tú Says:

    […] del pueblo, el que se muestra tantas veces incapaz de comprender la cultura local, el que permanece al otro lado de la frontera… El que tiene, sobre todo, un raro color de piel. El blanco de todas las miradas: acogedoras, […]

Huellas en la arena

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