Extranjero

En estos días intensos que se escurren de las manos, que se llenan de sentido, pero también de incertidumbres, llega a mi poder un artículo de un antiguo cooperante francés que pasó varios años en Túnez. Su vida, como la de tantos otros que salen de sí mismos, quedó transformada por el ENCUENTRO.

Y mi oración se impregna de esta palabra, que ojalá se haga carne en mí.

Tiempo de sentir más, de escribir menos, de dejar que las palabras las pongan otros. Me quedo con el silencio, lleno de emoción y sentimiento.

Ser extranjero

Ser extranjero, vivir en el país del otro o incluso vivir el país del otro en la manera de lo posible.
Hace ya varios años que volví de cooperación, pero esta experiencia me alimenta espiritualmente todavía. Es sin duda la experiencia que más llena mi vida y mi oración.
Una pregunta se plantea en un primer momento: ¿Por qué partir? Yo, que no soy especialmente comunicativo y que no me dejo llevar por lo imprevisto, ¿por qué no quedarme en casa donde hay de todos modos cosas que hacer? Creo que la respuesta contiene una sola palabra: encuentro. Esto no quiere decir que el encuentro no sea posible  quedándote en tu país, pero siempre es necesario salir de uno mismo, partir de una manera u otra. Ser extranjero obliga al encuentro.
Me parece algo indispensable, central, que da sentido a la presencia de la Iglesia en esta tierra del islam, como en cualquier lugar que profese otra fe, o que no profese fe en absoluto.

En efecto, el encuentro no es evidente: barrera cultural y lingüística, facilidad para quedarse dentro de sí mismo. Pero… ¿Cómo podríamos vivir la fe si no es buscando este encuentro?
He tenido la suerte de vivir en un país que funcionaba económicamente bien, un país que, en todo caso, no tenía necesidad de mí. Incluso si buscamos compartir el destino del país que nos acoge, y que esta solidaridad se traduzca de manera concreta, no estamos ahí para hacer algo “humanitario”. No podía aportar ningún tipo de competencia que mis compañeros tunecinos no tuviesen, al contrario. Esto me permitió aprender un poco más sobre el sentido de la gratuidad. La gratuidad de una presencia: estar por estar, estar por nada en especial. Acoger gratuitamente, sin esperar nada, preparado para el encuentro, para la escucha. Trabajar gratuitamente, es decir, sin esperar ningún objetivo personal, sino intentar hacer bien las cosas y ganarme la vida. Amar gratuitamente, sin ingenuidad, pero donándome a los demás. La gratuidad de la presencia nos ayuda a entrar en una relación de calidad. Descubrí que no tenía gran cosa que dar pero sí mucho que recibir. No se trata de una postura activista,  sino de responder a una simple llamada: “Ven y verás”.

Para poder encontrarse, primero es necesario ser curioso y estar dispuesto a  dar un rodeo, es necesario coger otra ruta distinta a la que habíamos previsto.
Pronunciar algunas palabras en la lengua del otro, aprender un nuevo concepto del tiempo; esto es ya dar un paso y convertirse en otra persona. El encuentro no nos deja indiferentes.
A continuación es necesario amar. Encontrarse es conocer la tierra en la que ahora vivimos, mirar al otro, tenderle la mano, vivir con él, contemplar el mundo, la ciudad, las gentes. Me gustaba entrar en la Medina, tomarme mi tiempo para pasear tranquilamente, sentarme para tomar un té, hacer algunas compras.  Me gustaba ir al patio y subir las escaleras con mis alumnos, pedirles que se pusieran en fila, después entrar con ellos, hacer silencio y explicar el desarrollo de la clase.

A través de estas relaciones me descubría dependiente: dependiente de los compañeros de trabajo para aprender de ellos la manera de enseñar a los niños tunecinos, para estar preparado de cara a las dificultades. Dependiente de los sacerdotes con los que vivía, de los otros cooperantes, de la amistad con cada uno.
Incluso si el encuentro es tangible, la diferencia no se puede borrar. Nosotros no somos  el otro. Seremos siempre extranjeros. Y está muy bien. Esto nos recuerda que tenemos que vivir la diversidad y asumirla. Estuve confrontado en algunos momentos a la imposibilidad del diálogo. Nos resulta tan fácil construir muros entre nosotros…cada uno pensando que está en el lado correcto del muro, el de la verdad. Sin embargo, dialogar es necesario. No podemos pasar de otro modo. Recitábamos algunas veces el Padre Nuestro en árabe. Rezar en otra lengua suponía para mí la ocasión de dejar que las palabras de esta oración resonaran quizás más intensamente que de costumbre. Tomaban otra dimensión: sí, somos  hijos de un mismo Padre, sea cual sea el lugar o el idioma. Y el Reino no se construye sin luchar por derribar las barreras, sin trabajar por la unidad entre los hombres.
Ocurra lo que ocurra, siempre seguiremos siendo extranjeros. Jean Fontaine, sacerdote, contaba que los que montaban sobre un asno mantenían una herida abierta sobre los costados del animal. De este modo, se podía punzar la herida para que el animal avanzase. Cada uno tiene también sus propias heridas. Ser extranjero es vivir esta herida. Es encontrarse en situación de poder desprenderse de lo que se ha vivido. Una situación en la que se vive continuamente en  la improvisación, en el descubrimiento, en situaciones de fragilidad,  y a veces, de exclusión. Incluso para los que pasan toda su vida en Túnez, esta herida ya no se vuelve a cerrar. Permanecemos siendo extranjeros, observadores, alguien del exterior, privados de una integración que nos gustaría que fuese total. Pero herida como aguijón de vida, como invitación a salir, a avanzar, a vivir el encuentro. Invitación a borrarse para que el Otro aparezca.

BRUNO RÉGIS, voluntario y profesor en Túnez (2000-2002)
Traducción de Teresa Narbona Rodríguez

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7 comentarios to “Extranjero”

  1. Álex Says:

    No me busco, te busco. Y, por eso, sólo estoy y callo; abro los ojos para mirarte con ternura, los cierro para escucharte con toda el alma, te acompaño al filo del camino: me siento emigrante necesitado de tu hogar, de tu fuego. Entonces puedo acoger tu acogida, abrazar tu abrazo, aprender de lo que aprendiste, enredarme en tus enredos, dolerme de tus heridas, soñar tus sueños.

    Yo, extranjero de casi todo, oriundo de una sola patria.

    Tú.

  2. analia Says:

    Después del comentario lindísimo de Alex a lo que compartiste acá Tess, no hay mucho para agregar. Pensé en mi amigo Julio, misionero en Pakistán desde hace ya tres años mientras leía.
    y después volver a leer, y poder tomar cosas para uno, aún cuando no saliera de la ciudad o del país…cuánto para aprender a darse con ese desprendimiento, con esa necesidad del otro, con ese sentir que el “sentido” lo da el compartirse y ninguna otra cosa más que uno pudiera hacer o dar. El sentido de la gratuidad…
    Gracias Tess, por hacer que caminemos con vos en este tiempo especialísimo. Te quiero, y desde acá va un abrazo grandote.

  3. Alejandro Says:

    Será un placer leerte en la distancia. 😉 Me ha encantado el texto de B. Régis (muy bien traducido, por cierto).

    Abrazos!

  4. Noe Says:

    Gracias hermana por ese tiempo de sentir más. Estoy segura de que las palabras se harán carne en ti, y tu nos lo transmitirás para seguir creciendo contigo y caminando a tu lado. Y saber así que el corazón no conoce fronteras.

    Aunque ya te lo mandé, te lo vuelvo a dejar por aquí porque estas palabras me recuerdan a ti, que intuyo como andas por tus adentros estos días:
    “En todas las cosas es difícil comenzar;
    en muchas obras, el principio no salta a la vista.
    El campesino cubre las semillas con la rastra,
    y el trigo no madura hasta que viene un buen verano.
    El arquitecto que está construyendo un edificio,
    cuanta mayor altura quiere dar a las paredes,
    echa las bases a tanta mayor profundidad.
    Con cuidado el pintor prepara la tela extendida,
    antes de esbozar, lleno de pensamientos, su cuadro;
    y sólo lento nace lo que cada uno proyecta.”
    Wolfgang Goethe

    Te quiero.

  5. Yuan Says:

    Hola TeSs:

    Qué emoción!
    Este post es como nuestra propia biografía… San Pablo nos decía que todos “somos peregrinos y extranjeros” y así me siento desde mi infancia cuando tuve que emigrar.
    Te dejo una bendición celta:
    “Que el camino salga a tu encuentro.
    Que el viento siempre esté detrás de ti,
    y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
    Y hasta que nos volvamos a encontrar,
    que Dios te sostenga con el puño de Su mano.”

    Muchos abrazos para ti, TeSs, con el cariño de mi corazón!

  6. Elena Says:

    Estés ya donde estés, mucho ánimo y mucha suerte en tu camino.
    Rezo por ti y por esta gran misión.
    Un abrazo inmenso!

  7. Noe Says:

    La aventura ya ha empezado, aunque desde hace tiempo se tejiera en tu interior.

    Irá bien. Unidas.

    TQ

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