El sufrimiento

Quizás el sufrimiento y el amor tienen una capacidad de redención que los hombres han olvidado o, al menos, descuidado.
 Martin Luther King

   El sufrimiento. El periodo más tremebundo de mi existencia, el mejor momento de mi vivir. Mi salvación se produjo en la paradoja, entre la frontera de traspasar mi propio límite, y la necesidad de no morir ahogado entre el sufrimiento.

   En aquella época comprendí el significado de la palabra supervivencia, ya que me encontraba al borde un abismo invisible pero punzante, del que sólo yo conocía su existencia.

   Habitar en soledad con el dolor, lo infla como un monstruo de rostro invencible, le confiere un poder aún mayor. No hay dolor más intenso que aquel que no se puede compartir, que se alimenta desgranando noche a noche las entrañas de energía e ilusión que moraban en ti, hasta hacerlas desaparecer en la nada.

   Entonces sólo existe eso: la nada, el vacío. Es momento de decidir, y aunque únicamente tienes dos alternativas, la decisión no es fácil: morir en vida o renacer de nuevo.

   Elegí renacer a una vida nueva, por eso ha sido el mejor momento de mi vida, porque, si no hubiera sufrido tan intensamente sin poder compartir mi tormento con nadie, hubiera seguido sobreviviendo, colmado de quejas, pasando a ser la víctima de quien siempre fui, yo mismo.

   Nunca traspasé el límite, porque la vida es tan sabia que, del mismo modo que si de una goma elástica se tratara, en el momento en el que estás a punto de romperte, en lugar de partirte en mil pedazos, te estiras, y entonces, en realidad, eres un poco más ancho que antes, puede incluso, con un corazón más grande, capaz de albergar también el sufrimiento de otros, porque nadie mejor que tú para conocer ese dolor invisible y destructivo.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, doy gracias, porque “en mi debilidad, Él me hizo fuerte”, apoyado siempre con la fuerza de la fe en un Dios en el que ya ni siquiera sabia que creía, capaz de detener a otros ante el precipicio, renacido a esta vida nueva, de esfuerzo y lucha. El sufrimiento, mi mejor maestro, pero de vida.

                                                                                                                                                                               Anónimo

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11 comentarios to “El sufrimiento”

  1. Yuan Says:

    Hola TeSs:
    Pax et bonum!
    Cuando un granito de arena cae dentro de una ostra, ésta llora, y una lágrima envuelve al granito. Al solidificarse, la lágrima se convierte en una perla! Del sufrimiento he sacado verdaderas perlas. Gracias por recordárnoslo.

    Todo parece indicar que voy a Madrid a compartir un curso de evangelización en mayo. Si puedes me escribes a bussoxto@yahoo.com
    así nos comunicamos.
    Abrazote para ti.

  2. TeSs Says:

    Pace e bene Yuan,

    Gracias por compartirte siempre, aqui y en tu blog. Te escribo al correo y espero que podamos vernos.
    Un abrazo,

    TeSs

  3. Ana Says:

    Tememos y rechazamos el sufrimiento porque huímos de la tristeza. Sin darnos cuenta que donde el dolor se hace grande es donde más podemos aprender. Del dolor nacemos a la vida y forma parte de nosotros. Cuando se agotan nuestros recursos y pensamos que estamos en lo más profundo, es cuando podemos “renacer” rechazando morir, porque sintamos la fuerza que El nos da, y que a pesar de nuestras vendas, siempre estuvo con nosotros.

    Un abrazo

  4. Alberto. Says:

    Precioso y profundo texto. Para leerlo, releerlo, meditarlo y, por supuesto, orarlo.
    Hace unos cuantos años ya, en un momento muy parecido al que describes, me encontré con Mt 8, 23-26, por casualidad, de madrugada, en la capilla de un hospital a la que llegué no sé muy bien cómo, cuando el mundo entero -y yo con él- se venía abajo.
    Y Él calmó la tempestad, se me fue el miedo.
    El mundo -mi mundo- se vino abajo, como no podía ser menos -porque nuestro Dios no es un mago-. Pero cambiaron dos cosas: a partir de ahí me puse “el mono de trabajo vital” y, además, intento no tener miedo cuando la barca parece hundirse. Ya Le conozco, sé que no falla. No me da miedo la vida.

    Gracias por tu testimonio.

  5. TeSs Says:

    Del dolor nacemos a la vida y forma parte de nosotros.

    Ana, de nuevo te dejas ver por este rincón de búsquedas compartidas, ¡cuánto te lo agradezco! ¡cúanto aprendo con vuestras palabras! Gracias

    Alberto, un testimonio profundo que habla de la vida real, de tantos mundos personales que se vienen abajo sin que otros se den cuenta. Me ha emocionado profundamente, también me invita a confiar, a no tener miedo. Muchas gracias.

  6. analia Says:

    La experiencia de dolor, esa que te coloca en la frontera del propio límite y la necesidad de “salvarse”, ha sido la experiencia más fuerte y más liberadora (a la distancia) que me ha tocado vivir. En la más profunda soledad uno se encuentra con los reclamos más fuertes que pudiera hacer brotar del corazón: necesita respuestas, las exige, no llegan. Parece no soportarse ya más nada. El clamor más fuerte es el de “es injusto” o “no lo merezco”. Hasta el rezo se vuelve grito de bronca, de dolor, de desilusión. Y es ahí, cuando ya no queremos más, que Él se hace presente, para dejarnos en claro que no estamos solos, que viene con nosotros. Muchas veces el corazón madura atravesando experiencias de dolor; y es ahí donde en verdad la propia debilidad se vuelve fortaleza. Él, lo hace posible.
    Gracia sTess por esta entrada, hoy es Providencial leer.
    Es tiempo de dar gracias, hoy estoy de pie.

  7. Ana Says:

    Tess es un placer leerte. Hay en el mundo tantos matices que debemos limar o colocar que estas páginas muchas veces sirven de mucha ayuda. Enhorabuena por un precioso blog.

  8. Álex Says:

    Admiro la profundidad a la que llegan tus letras, el modo sorprendente en que conectan con lo más punzante (y, a la vez, lo más esperanzador) de nuestro corazón peregrino. Hoy nos hablas de mariposas que vuelan alto porque un día sus alas se robustecieron al esforzarse por salir de la crisálida. Y yo recuerdo mis heridas y mis vendas. Y doy gracias.

    GRACIAS.

  9. Andrea Says:

    Tess,

    Que maravilloso escrito, que cierto que uno puede aprender del dolor y del sufrimiento, muchas veces cuando uno sufre más es cuando te encuentras más contigo y con Dios. Y todo ese sufrimiento se transforma en amor, un amor tan intenso que te regala toda la luz que en aquellos momentos no tenías…

    Creo que sí, es un buen momento para renacer. Por eso uno nunca debe perder la Fe en Dios, porque siempre nunca nos dejará solos. Sin Fe, uno cae muy pronto al vacío.

    Es un texto muy profundo y muy esperanzador, para cuando nos encontramos en algún momento de dolor.

    Gracias Tess, por pasar a visitarme y por tus palabras! Me ha dado mucha alegría de leerte y de llegar hasta acá.
    tienes un espacio maravilloso, me enacanta lo que escribes, sabes llegar al corazón.

    Te seguiré leyendo encantada!

    Besos.

  10. labrada Says:

    Despues de haber leído tu texto y como se dijo una vez: Lloraré con lágrimas que luego serán vetas de hierro para las puntas de lanza con las que voy a reconstruir mi vida.
    Gracias

    Visitame en:

    http://decisioneshumanas.wordpress.com/

  11. Jaaziel Says:

    Cuan cierto!
    A veces entramos en el sufrimiento de los demas con nuestros “zapatones” puestos, sin recordar, como en la zarza ardiendo que el lugar que pisamos es santo porque donde hay sufrimiento allí está el Señor trabajando “work in progress”.
    Tienes un hermoso blog
    Un saludo fraterno

Huellas en la arena

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