Un ángel en el infierno de Birmania

Paz y bien,

no quería dejar de reflejar el artículo que he encontrado en internet de El  Periódico Digital, es sobre Ignacia, una hermana FMM (franciscana Misionera de María) que lleva bastante tiempo en Birmania, y está viviendo toda la situación actual que sufre el país; he conocido  la noticia por las llamadas de teléfono que han hecho a casa desde todos los puntos de España tras leer la noticia en el períodico de EL MUNDO (hay otra noticia sobre esta hermana), y querer aportar su granito de arena. Somos solidarios, se nos remueve el corazón, a la gente también le duelen los lejanos y desconocidos. Hoy no puedo más que dar gracias por Ignacia, y por tantas y tantas personas que dan su vida desde lo pequeño, hoy me siento orgullosa de “mis monjas”, perder la vida… para la salvarla, ¡efectivamente!

 

 Un ángel español en el infierno de Birmania

 

Por José Manuel Vidal

RD

Domingo, 11 de mayo 2008

 En Rangún la conocen como «el ángel de los leprosos». Su familia la llama cariñosamente «la jorobadita». La religiosa Ignacia Aramburu, de las Franciscanas Misioneras de María, se quedó encorvada de tanto cargar leprosos y ancianos a sus espaldas. Desde hace más de seis décadas. Hoy, esta otra Madre Teresa de 88 años es la única religiosa española que queda en la castigada y agitada Birmania. Para siempre, porque allí, entre los más pobres, quiere ser enterrada.

Atada a su silla de ruedas, sor Ignacia o sister Victoria, como la llaman los ancianos míseros recogidos en su residencia de Rangún, se emociona al relatar por teléfono (en los pocos momentos en que está operativo) la desolación del país. «Necesitamos mucha ayuda y muy urgente. Ya hay problemas con los alimentos. El precio de la bolsa de arroz se ha triplicado en los últimos días y la gente está empezando a pasar hambre. Por favor, ayúdennos», dice emocionada en una mezcla de inglés, francés y español.

Ignacia siempre quiso ser misionera e ir «a salvar muchas almas a la India». Y a pesar de la oposición de su familia, lo consiguió. Sólo que se fue un poco más allá, a Birmania, el país en el que pasó su vida y al que llegó con apenas 25 años.

Desde entonces, entregada a los más pobres de entre los pobres: los leprosos. Unos enfermos a los que se dedicó por completo. «Como no había médicos, era ella la que les iba recortando los órganos que se les caían. Solía decirnos que les dejaba unas orejitas muy monas», cuenta su sobrina-nieta, Elena Pérez Beraeche, desde su casa de San Sebastián.

También cuenta que su tía-abuela es una persona «muy fuerte, muy viva y nada ñoña, a la que le encantan los toros y la lucha libre y que entregó su vida a los demás, sin pedir nada a cambio para ella». Porque, para los demás, lleva muchos años pidiendo y recogiendo. «Es muy conocida en Rangún. La gente la venera y le entrega mucho dinero, porque se fía de ella y sabe que lo va a invertir en los pobres».

Ahora, mayor y enferma de la vesícula, pero con una cabeza perfecta, no ceja en su empeño. Y eso que su familia la sigue mimando. Su sobrina, por ejemplo, la va a ver dos veces al año y le lleva todo lo que puede. «Podía estar viviendo aquí supercómoda, pero no quiere ni oír hablar de volver a España», cuenta apenada Elena.

«Esta es mi casa. Aquí me siento útil, porque, en la vida, si no tienes responsabilidad, no tienes dignidad. Aquí he pasado toda mi vida y aquí quiero morir y ser enterrada, entre esta gente a la que llevo en el corazón», dice la hermana Ignacia con la voz entrecortada.

De hecho, su labor ha sido reconocida no sólo por el pueblo birmano, sino también por las autoridades españolas. El 13 de noviembre de 1987, los Reyes de España le entregaban en Bangkok el «lazo de Dama de la Orden de Isabel la Católica», como reconocimiento a su impagable labor. El mismo lazo que también le entregaron en el mismo acto a sor Josefa Fernández, la otra monja española que acompañó a sor Ignacia en Birmania durante más de 40 años.

La hermana Josefa regresó hace dos años a España, para ver a su familia, con la idea de regresar. Pero aquí se puso enferma y la congregación la obligó a quedarse. Ahora vive en el convento de Villamar (Burgos). Y desde allí asegura que «Ignacia es una mujer pequeñita pero fuerte y muy dinámica para su edad, que lo dio todo por los pobres. Está prendada de Birmania y allí se va a quedar para siempre».

Sor Josefa recuerda que «en el país hay unos cuantos ricos, muy ricos y muchísimos pobres pobrísimos, que hasta venden su sangre para poder comer». Y por supuesto, «no hay libertad y hasta, a veces, las autoridades nos insultaban, aunque la gente nos quiere y aprecia mucho». Igual que a su compañera, a sor Josefa también le encantaría poder volver al país: «Mi corazón se ha quedado allí y me gustaría que allí reposase también mi cuerpo, pero no va a ser posible. Ignacia tiene más suerte en eso que yo».

Tras el paso del ciclón Nargis, sor Ignacia hace falta en Rangún más que nunca. Para que los donativos puedan seguir llegando a los más pobres. Especialmente a los leprosos, a los ancianos y a los niños. «Los pobres no podrán salir adelante sin ayuda. Por favor, mándennos todo el dinero que puedan, para que mis ancianos y mis leprosos puedan seguir sobreviviendo», advierte sollozando desde la distancia.

Las ayudas pueden canalizarse a través de las Franciscanas Misioneras de María (http://www.fmm.org/). La congregación de la madre Ignacia fue fundada por María de la Pasión en 1877. Hoy, son 7.192 religiosas -436 en España-, presentes en 78 países. Fieles a su carisma de «continuar la misión de Cristo, enviado del Padre con la fuerza del Espíritu para llevar la buena noticia a los pobres». Un carisma que encarna a la perfección la madre Ignacia, el «ángel de los leprosos de Rangún».

 

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2 comentarios to “Un ángel en el infierno de Birmania”

  1. bigsplash Says:

    Los ángeles del Señor están esparcidas sobre la faz de la tierra; no tienen alas, pero si un alma generosa, grande y llena de amor maravilloso.

    Es ésa, la única manera crecer en los demás; negándose a sí mismo y fiel a las tradiciones del Hermano Francisco y su símil; Santa Clara de Asís. Bendiciones para los hombres y mujeres del Señor, que enfrentan la miseria y pobreza instituidas en los pueblos más deprimidos de la tierra; dando de sí mismas para la gloria del Dios Padre.

    Gracias por compartir en medio de este absurdo mundo, evidentes formas de amor altruista y solidario y congratulaciones por el blog.

  2. buscandotushuellas Says:

    Gracias Luis Ernesto, el mundo está lleno de bellas personas que gastan su vida para que otros puedan ganarla. Gracias por dejar tu huella en mi camino ¡bienvenido!

Huellas en la arena

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