En la frontera

5 Febrero 2010 por TeSs

…Pero si alguna vez os pregunta alguien, u os gustaría decir que tenéis una conocida que duerme bajo un mosquitero, con el cuarto lleno de animalitos y está a punto de comer mono y termitas, decidle sobre todo que…

Bangassou, mes primero.

El corazón de África me está robando el corazón. El polvo del camino se adhiere a mis sandalias, a cada paso, un poco más. Cada vez resulta más complicado desteñir de ocre mis ropas, mi calzado ―ojalá también mis manos, si lograran embarrarse con el barro de la vida―; cada vez es más complicado separarme de esta tierra tan inmensamente rica y castigada.

Los senderos tortuosos, de baches y agujeros que sobrevienen sin previo aviso, se convierten así en una metáfora de la propia vida, de una lucha constante por conquistar el hoy y poder soñar el mañana.

El paisaje se reviste sin embargo de una belleza indescriptible.

Al borde del camino, aparentemente inmóviles, se suceden con majestuosidad y elegancia un abanico innumerable de árboles en eterna primavera. Mangos, papayas, plátanos, mandioca… la pacha mama que alivia y sustenta a los habitantes de esta tierra. Tierra ocre que todo lo impregna, con la que crear ladrillos para construir, en la que cultivar, en la que sembrar ¿el futuro?

La selva se torna de un atractivo y una magia extremos. Extendida por toda la ciudad, se reserva siempre una parte impenetrable, peligrosa incluso, misteriosa. Tengo la impresión de que ocurre del mismo con sus gentes, de mirada en ocasiones desafiante, seria, punzante. Me cruzo a diario con mujeres que no dicen nada pero que lo dicen todo, con niños que gritan en silencio por un poco de dulzura, aunque sea en forma de caramelo, con pesadas cargas, trasportadas en silencio sobre la cabeza, con unos ojos negros que te desarman a cada instante.

El río Mbomou atraviesa todo el pueblo de Bangassou. Se convierte así en el límite que separa la República Centroafricana del Congo. De este modo, cuando bajo al río mientras se pone el sol naranja ―siento que África me esperaba para atardecer conmigo― diviso, no muy lejos, una misma realidad, con distinto nombre. Siempre he estado ―aunque antes no lo sabía― en la frontera.

Existe una línea invisible; aunque trazada por el color de mi piel, por la ropa que visto, por el dinero de mi cartera, y por un billete de avión que en un momento dado me devolverá al confort y al bienestar que separa lo que en un principio podríamos llamar dos mundos diferentes, que se hacen abismo en una brújula que determina sin piedad el norte y el sur.

Una frontera invisible se hace paredón entre esta gente y yo. Soy consciente de que siempre seré una extranjera, de que nací con ciertos privilegios inmerecidos, de que yo no vengo a salvar a nadie. Aun así, es un reto y un regalo maravilloso ir desmenuzando poco a poco esta barrera. La de mis miedos, la de contemplar desde la línea tanto dolor y tantas historias rotas por las que sólo me atrevo a pasar de lado. La frontera del prejuicio, de la etiqueta fácil, de la falsa compasión que en el fondo me deja en la pasividad, en la desesperanza.

Aún desenraizada, trasplantada de una punta de la brújula a la otra, sin los asideros que me daban seguridad, sin tener todo bajo control, dejándome enseñar hasta en el detalle más pequeño, consciente de que mi sabiduría occidental no es aplicable en la inmensa mayoría de las necesidades prácticas del día a día en Bangassou. Es la lógica de toda ilógica. La que vino a enseñar, aprendiz de todo, necesitada de todo.

En una tierra que todavía me resulta tierra de nadie no puedo permanecer por mucho tiempo. Quiero echar raíces, quiero florecer con este paisaje de eterna primavera, quiero cruzar la frontera, siempre hacia el sur, hacia los favoritos, hacia el sol naranja a la altura del pecho.

Y si así fuera, se haría carne la canción:

«Yo no sé de dónde soy; mi casa está en la frontera y las fronteras se mueven como las banderas. Mi patria es un rinconcito, el canto de una cigarra, los primeros acordes que yo supe en la guitarra. Soy hijo de un forastero y de una estrella del alba… y si hay amor –me dijeron– toda distancia se salva.»

JORGE DREXLER, Frontera

Sería el desafío, hecho regalo.

, en la frontera

Extranjero

26 Diciembre 2009 por TeSs

En estos días intensos que se escurren de las manos, que se llenan de sentido, pero también de incertidumbres, llega a mi poder un artículo de un antiguo cooperante francés que pasó varios años en Túnez. Su vida, como la de tantos otros que salen de sí mismos, quedó transformada por el ENCUENTRO.

Y mi oración se impregna de esta palabra, que ojalá se haga carne en mí.

Tiempo de sentir más, de escribir menos, de dejar que las palabras las pongan otros. Me quedo con el silencio, lleno de emoción y sentimiento.

Ser extranjero

Ser extranjero, vivir en el país del otro o incluso vivir el país del otro en la manera de lo posible.
Hace ya varios años que volví de cooperación, pero esta experiencia me alimenta espiritualmente todavía. Es sin duda la experiencia que más llena mi vida y mi oración.
Una pregunta se plantea en un primer momento: ¿Por qué partir? Yo, que no soy especialmente comunicativo y que no me dejo llevar por lo imprevisto, ¿por qué no quedarme en casa donde hay de todos modos cosas que hacer? Creo que la respuesta contiene una sola palabra: encuentro. Esto no quiere decir que el encuentro no sea posible  quedándote en tu país, pero siempre es necesario salir de uno mismo, partir de una manera u otra. Ser extranjero obliga al encuentro.
 Me parece algo indispensable, central, que da sentido a la presencia de la Iglesia en esta tierra del islam, como en cualquier lugar que profese otra fe, o que no profese fe en absoluto.

En efecto, el encuentro no es evidente: barrera cultural y lingüística, facilidad para quedarse dentro de sí mismo. Pero… ¿Cómo podríamos vivir la fe si no es buscando este encuentro?
He tenido la suerte de vivir en un país que funcionaba económicamente bien, un país que, en todo caso, no tenía necesidad de mí. Incluso si buscamos compartir el destino del país que nos acoge, y que esta solidaridad se traduzca de manera concreta, no estamos ahí para hacer algo “humanitario”. No podía aportar ningún tipo de competencia que mis compañeros tunecinos no tuviesen, al contrario. Esto me permitió aprender un poco más sobre el sentido de la gratuidad. La gratuidad de una presencia: estar por estar, estar por nada en especial. Acoger gratuitamente, sin esperar nada, preparado para el encuentro, para la escucha. Trabajar gratuitamente, es decir, sin esperar ningún objetivo personal, sino intentar hacer bien las cosas y ganarme la vida. Amar gratuitamente, sin ingenuidad, pero donándome a los demás. La gratuidad de la presencia nos ayuda a entrar en una relación de calidad. Descubrí que no tenía gran cosa que dar pero sí mucho que recibir. No se trata de una postura activista,  sino de responder a una simple llamada: “Ven y verás”.

Para poder encontrarse, primero es necesario ser curioso y estar dispuesto a  dar un rodeo, es necesario coger otra ruta distinta a la que habíamos previsto.
 Pronunciar algunas palabras en la lengua del otro, aprender un nuevo concepto del tiempo; esto es ya dar un paso y convertirse en otra persona. El encuentro no nos deja indiferentes.
A continuación es necesario amar. Encontrarse es conocer la tierra en la que ahora vivimos, mirar al otro, tenderle la mano, vivir con él, contemplar el mundo, la ciudad, las gentes. Me gustaba entrar en la Medina, tomarme mi tiempo para pasear tranquilamente, sentarme para tomar un té, hacer algunas compras.  Me gustaba ir al patio y subir las escaleras con mis alumnos, pedirles que se pusieran en fila, después entrar con ellos, hacer silencio y explicar el desarrollo de la clase.

A través de estas relaciones me descubría dependiente: dependiente de los compañeros de trabajo para aprender de ellos la manera de enseñar a los niños tunecinos, para estar preparado de cara a las dificultades. Dependiente de los sacerdotes con los que vivía, de los otros cooperantes, de la amistad con cada uno.
Incluso si el encuentro es tangible, la diferencia no se puede borrar. Nosotros no somos  el otro. Seremos siempre extranjeros. Y está muy bien. Esto nos recuerda que tenemos que vivir la diversidad y asumirla. Estuve confrontado en algunos momentos a la imposibilidad del diálogo. Nos resulta tan fácil construir muros entre nosotros…cada uno pensando que está en el lado correcto del muro, el de la verdad. Sin embargo, dialogar es necesario. No podemos pasar de otro modo. Recitábamos algunas veces el Padre Nuestro en árabe. Rezar en otra lengua suponía para mí la ocasión de dejar que las palabras de esta oración resonaran quizás más intensamente que de costumbre. Tomaban otra dimensión: sí, somos  hijos de un mismo Padre, sea cual sea el lugar o el idioma. Y el Reino no se construye sin luchar por derribar las barreras, sin trabajar por la unidad entre los hombres.
Ocurra lo que ocurra, siempre seguiremos siendo extranjeros. Jean Fontaine, sacerdote, contaba que los que montaban sobre un asno mantenían una herida abierta sobre los costados del animal.De este modo, se podía punzar la herida para que el animal avanzase. Cada uno tiene también sus propias heridas. Ser extranjero es vivir esta herida. Es encontrarse en situación de poder desprenderse de lo que se ha vivido. Una situación en la que se vive continuamente en  la improvisación, en el descubrimiento, en situaciones de fragilidad,  y a veces, de exclusión. Incluso para los que pasan toda su vida en Túnez, esta herida ya no se vuelve a cerrar. Permanecemos siendo extranjeros, observadores, alguien del exterior, privados de una integración que nos gustaría que fuese total. Pero herida como aguijón de vida,como invitación a salir, a avanzar, a vivir el encuentro. Invitación a borrarse para que el Otro aparezca.

 Bruno Régis, voluntario y profesor en Túnez (2000-2002). Traducción de Teresa Narbona Rodríguez

Pequeñeces eternas

10 Noviembre 2009 por TeSs

Existe un espacio, escondido, tímido, enredado en la maraña cibernética que habla de pequeñeces. Las alegrías que desde lo cotidiano recopilan personas de cualquier parte del mundo.

Es un lugar importante. Saber mirar con ojos de milagro la belleza de lo pequeño, por nimio que pudiera parecer, no es fácil. Compartirse con desconocidos que día tras día lo son menos, que traspasan océanos, que se alegran con las alegrías de los demás, tampoco.

Y el mundo necesita emplazamientos como este. Hoy añado un epígrafe más al cuaderno de mi travesía, con las pequeñeces que están ensanchando cada vez más el espacio de mi tienda.

La ciudad eterna. Roma  me ampara de nuevo bajo la lluvia y el caos. La habito a cada paso sintiéndome cada vez menos turista y más envuelta en su palpitar ordinario. Ya no visito tantas iglesias, ni museos. La percibo como la ciudad de seres queridos. Los que están, los que estuvieron y quedaron enamorados de la marabunta.
Paseo empujando el cochecito de mi sobrina. No hay más, pero tampoco menos. Como siempre, gracias a las personas,  también yo he quedado enamorada de esta urbe caótica.

Las pequeñeces se multiplican. Y es Assisi, el preludio de un momento que percibo decisivo en mi vida. La pequeña Asís, mi ciudad eterna.
He caminado de nuevo por sus calles. Me he regado bajo su agua de otoño. He dejado que su frío me acaricie el rostro  y su aroma a leña ardiente me seduzca una vez más.
Desierta, para mi entera. Sin turistas estivales. Sola en el camino, pero profundamente acompañada. Por el pasado, por el presente, por el futuro, por mis sueños, por los recuerdos, por las personas.
De nuevo las palabras se quedan tan cortas para expresar lo que alberga el corazón…

He sido acogida por una enamorada de Francisco. Y también acogida por él, el poverello di Dio, mi querido Francisco. Ante su tumba mis lágrimas y oración. Por todos, por todos los que habitáis aquí, tan dentro de mi.

La pequeña Assisi, mi pequeñez eterna

“La belleza salvará al mundo”

Dostoievski

Estás aquí

30 Septiembre 2009 por TeSs

No son mis sentidos, no,
quienes me desvelan que estás, que eres,
aunque mis ojos  no pueden dejar de nombrarte.

Mi manos te dibujan, te intuyen,
te muestran, pero no son ellas, no.

Y tu olor me seduce, me embriaga,
me penetra.

Mas si sé que estás, que eres, que sueñas,
tampoco besarte me da la respuesta.

Es mi vida en la tuya, mi apuesta en tu meta,
tu corazón desnudo, el que me regala la prueba.

Tu estás aquí, ya no es una quimera,
yo soy en ti…
somos el otoño, que engendró esta primavera.

Somos

Somos

Acariciar los sueños

11 Agosto 2009 por TeSs

“El que quiera ser el primero, que se haga vuestro servidor”  (Mc 10, 44-45)

Si alguien me hubiera avisado de que, lo que escribí hace un año acabaría por hacerse realidad de la manera más providencial posible, no hubiera dado crédito alguno.

Ha transcurrido el tiempo suficiente como para perder grandes riquezas y pobrezas que desbordaban mi alforja: seguridades, miedos, certezas, asideros…

Tramo en baches, que sin embargo se torna nuevo aliento a mis anhelos. Perder para ganar, dejar de controlar cada minuto para abrirme a la sorpresa.

Y aquí están. A mis casi veinticuatros otoños en flor, me invade el vértigo de sentirme tremendamente afortunada. La fortuna de poder ir acariciando, dibujando con trazos tímidos mis sueños. TODOS mis sueños.

La vida me deja rozar, siquiera un poquito, con la yema de mis dedos, todos y cada uno de los profundos sueños que me hacen vivir despierta.

Ahora y como siempre, solo puedo decir GRACIAS. Sentirme en la infinitud del que espera, con el cielo como límite, aventura un nuevo mañana.

Se me regala una nueva oportunidad de aprender a amar, de viajar con mi historia al encuentro de otras historias que con certeza, quedarán enlazadas para siempre.

Perder el norte, mi norte, mis egoismos y vanidades, mis exigencias… encontrar el sur, mi sur, el lugar de los olvidados, la morada preferida de Dios.

Bangassou (República Centroafricana) me acogerá a partir de diciembre, se convertirá en el sueño que acariciaremos juntos, en el punto de inflexión de un corazón de carne.

Señor, con mis grandes torpezas, con mis sombras. Pero también con mis dones e ilusiones, sabiendo que poco voy a hacer…que eres Tú el que sigues obrando mi vida en salvación. Quiero embarrarme, meterme hasta el fango, modelar con mis hermanos el Reino que tú soñaste desde siempre.

Y a mis casi veinticuatro otoños en flor, si se trata de perder, yo sólo quiero perder el norte…que ojalá siempre, siempre, me lleve hasta el sur.

Me basta

22 Junio 2009 por TeSs

Aunque intentes eludirlas, ellas siempre llegan. En forma de casualidades, personas, momentos concretos o punzadas en lo profundo. No importa, siempre vuelven. Son los interrogantes que ahogan el minutero, porque  requieren paciencia.
El problema no es que las preguntas llamen a tu mente, sino que te martilleen el corazón. Entonces ya es demasiado tarde, te han visto, te han atrapado y no puedes escaparte.
Y yo lo confieso: las he estado evitando;se clavaban donde todavía mi ánimo no podía llegar, en lo insoportable de la incertidumbre y la soledad.

Domingo 21 de junio: buena compañía, guitarra a la espalda, papel y boli en mano. Le doy la bienvenida a la época estival y me dispongo a enfrentarme, por primera vez, a las preguntas que me claman, a los por qués sin porques

Es dificil condensar en una mañana la historia de toda una etapa, querer desgranar los rostros, colorear de nuevo en mi mente los paisajes o recrear las conversaciones que pronunciaban más “nosotros” que “yos”. Imposible no emocionarse con un sinfín de pequeñeces acumuladas a lo largo de estos años.

Me pierdo entre la naturaleza. Estoy sola. He logrado salir del ruido ensordecedor de la ciudad, del ritmo frenetico del horario y las prisas, y lo ùnico que oigo es el silbido de los pájaros y el crujir de las ramas de los árboles. He de reconocerlo también, aunque evito pararme; vivir el día a cámara lenta es una gozada, conecta con mi yo más profundo, conecta con ÉL.
Saco la guitarra. Miro a un lado, a otro. Continúo sola. Me parece casi increíble, encantador. Me atrevo a entonar a viva voz, sin importarme si desentono o canto mal. Entonces se desatan todos los sentimientos y emociones aprisionados largos meses atrás en mi corazón-coraza: brotan como un torrente, imparables, a borbotones,sin pedir permiso, sin enjuiciar nada. Simplemente son y están en mi. Pero no importa, no hay nadie, solos Él y yo.

Me permito una última pregunta: ¿Y cómo sería mi vida si mi camino no hubiera pasado por aquí, por Madrid?

No lo sé, y no tengo ganas de averiguarlo. Doy infinitas gracias por todas las curvas del sendero, por todas las encrucijadas, por las heridas cicatrizadas,por el esfuerzo con recompensa, por los sueños cumplidos, por… (imposible expresarlo en palabras).

Realmente ya no me importan las preguntas, ni las respuestas, ni los por qués, ni los porques; porque (cierto es que sí que atesoro algunos “porques”) me basta con saber que estás aquí.

Recojo el cuaderno, la guitarra, me calzo las zapatillas y retomo de nuevo la civilización. Con interrogantes, sin respuestas. Lo único que siento claro es que voy recuperando “mi amor primero”. Ya saben, ese que te toca y no te abandona jamás.

“Me basta“, simplemente. La forma es lo de menos. Estamos. ÉL y yo. Somos.

Ultimamente siento cómo se me estancan las palabras. Me resulta muy complicado sentarme a escribir. Pero casi ni esto me importa: “Me basta”. Yo me entiendo, y sé que Él también.

En gerundio

14 Mayo 2009 por TeSs

[...] Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la
vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso – reveló -. Un montón de gente, un mar de
fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y
quien se acerca, se enciende.

EDUARDO GALEANO, El libro de los abrazos.


De nuevo aquí, al principio del inicio, destapando las utopías de los brotes que crecen entre el hormigón y la primavera. Escudriñando el cielo. Robándole al sol una chispa de su calor. (¿Y si me enciendo, como los fueguitos?) . Untando los temores del color del algodón. Sosteniendo el firmamento, sustentándome la tierra. Oliendo los olores que desprende esta llovizna. Tocando en sol menor. Tropezando con el ayer, germinando en el mañana. Aguardando el hoy. Esperando,te. Haciendo desfilar los sueños. Soñándolos, odiándolos. Esencializando lo esencial.

Fastidiando los desafíos, hilando el destino. Decidiendo yo, fracasando otros. Nosotros. Buscando, nuevos acordes, viejas canciones. Buscándote, encontrándome. Entendiendo el universo. Luchando a favor. Poetizando lo cotidiano, extrañando lo extraordinario. Menospreciando el nimio estado del gerundio… estando, casi siendo…definitivamente en gerundio.

Sólo yo lo entiendo…

En imágenes, algo más revelador:

“Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ése quizá no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra por los que persiguen un sueño.
Pero al mirar hacia atrás oirá que el corazón le dice:
¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días?”

PAULO COELHO, A orillas del río piedra me senté y lloré


Esta primavera

19 Abril 2009 por TeSs

“Es mejor caminar, que parar y ponerse a temblar”

                                                Revolver

Avanzar aún cuando el único que comprende el sentido de tus pasos eres tú y el impulso que te llevó el darlos. Avanzar, incluso cuando los pasos dejaron de tener un rumbo fijo, y ya no hay quíen los entienda.

Cada día trae su propio afán, y cada primavera sus propias flores.  Sembrar margaritas, y cosechar rosas: preciosas, elegantes, distinguidas, pero no exentas de espinas. Es la belleza que se torna intocable, dolorosa, punzante.

“Camina mientras tengas luz”, me dijo una vez un sacerdote al que aprecio mucho, y eso hago. Apenas la luz vacilante de un candil que se consuma, apenas la certeza de saber que me acompaña la fe, mis mejores anhelos, y la seguridad de que el universo conspira a nuestro favor.

Despertarme cada mañana pidiendo un corazón de carne, unas manos amorosas de Alfarero que descascarillen la coraza que me envuelve, para que yo también, aún sin luz, pueda lavar los pies, escuchar el grito silencioso de mi hermano que duerme entre cartones en la zapateria de abajo, de Stalin, que ya no está con el periódico de la farola en mi calledsc_0214, y al que le sustituye un paisano, que ahora canta “aleluya” a todas horas, y a mí se me saltan las lágrimas. Las abuelitas de la parroquia, que siempre me saludan y besan con cariño, y los niños… que se cuelgan a mi cuello y recogen piñas para mí… para todos ellos, cada mañana imploro un corazón de carne, sin luz, pero de carne, tiernito, esponjoso.
Sólo puedo decir que sólo tengo miedo a quedarme en las palabras, a componer frases más o menos bonitas, pero que es preciso enterrar, porque es letra muerta.

He tachado de mi diccionario el verbo equivocarse, ya que, ¿es posible equivocarse, dando pasos hacia lo que sueñas, hacia lo que quieres construir, hacia tus impulsos más verdaderos?
Muchos son los desvíos del camino, las benditas encrucijadas, y los paisajes que queda por contemplar,  mas lo único que importa es conjugar “te quieros” en cada paso, en cada gesto, en cada saludo, en cada…

Y entonces…esta primavera, a la que no hay quien la entienda… también florece.

La luz, pequeña, débil, que se comparte junto a las demás.


 

 

“Prefiero un error contigo, que sin Ti, llegar a acertar, prefiero dar un salto al vacío que seguir mirando atrás”

Ciento Ochena Grados

Amor hecho visible

1 Abril 2009 por TeSs

“… maestro, háblanos del trabajo.
Y el maestro respondió diciendo:

Trabajáis para acompañar el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.
Cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra,
asignada a vosotros al nacer ese sueño.

Y trabajando estáis, en verdad amando la vida,
y amarla a través del trabajo es estar muy cerca del más profundo secreto de la vida.
Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en melodía.

Os han dicho también que la vida es oscuridad, y en vuestra fatiga, os hacéis eco del jadear del fatigado.

Pero yo os digo que la vida es oscuridad cuando no hay impulso.
Y todo saber es inútil cuando no hay trabajo.
Y todo trabajo es vació cuando no hay amor.

Porque cuando trabajáis con amor estáis en armonía con vosotros mismos, con los otros y con Dios.

El trabajo es amor hecho visible.”

Khalil Gibran, El profeta.

Un periodo convulso, una brecha en la poltrona de nuestras comodidades, de nuestros inmerecidos privilegios;  aunque desafortunadamente, las consecuencias más desastrosas siempre recaen sobre lo más desprotegidos.

Es momento de dar gracias si puedes ajustar el fin de mes a una cuenta no temblorosa, con suspiro quedo pero descongestionado, con una labor a realizar, con un trabajo.

Las etapas se van acaeciendo, lejos quedó la infancia de sueños de “qué voy a ser de mayor”; o bien los sueños ya se han hecho realidad, gracias a un universo que conspira por nuestros anhelos, o bien toca torcer el sendero para volver a colorear estrellas fugaces en el firmamento que permitan volver a formular el deseo. Y justo en el instante en que ya no es posible elegir, escoger confortablemente, abrir el abanico con las miles de posibilidades que el estatus nos ofrecía.

Le dolían sus palabras, pero sabía que se equivocaba. No tenía ninguna pretensión, sólo quería hacer buen vino.
Sin embargo… Si lo pensaba bien, sabía que había algo más. Si el vino resultaba ser malo, tal vez aprendiera a hacer buen vinagre. Se dio cuenta de que anhelaba ser capaz de hacer un trabajo cuyo resultado produjera algo bueno.
       Noah Gordon, La bodega

Cura de humildad ante tanta sobreabundancia, comprender desde la experiencia cúal es la realidad cotidiana de 3 cuartas partes de la población mundial, pedir para que todos, TODOS, puedan tener un trabajo digno, y sobretodo, si “crear un buen vino” no está en las posibilidades de tu viña, amar pisando la uva, para llegar a fabricar “un buen vinagre”.

Todo lo hago nuevo

10 Marzo 2009 por TeSs

Todo lo hago nuevo

“Serás mi camino si piso Tus huellas”

El tiempo no perdona, o más bien, el tiempo no cesa de regalar. Ha pasado un año, YA ha pasado un año. Parece que fue ayer cuando escribía por primera vez presentándome, y sin embargo el tiempo, imparable, no me ha concedido una tregua, precipitándose en mis decisiones y encrucijadas, como arma de doble filo que invita e intimida.

El tiempo no cesa de regalar-me y en su lucha juguetona, se ha convertido además en un año de ricas experiencias compartidas, de sueños coloreados, de encuentro.

Encuentros

Encuentros

Sentía la necesidad de escribir, como medio de expresarme, de querer decir también una palabra, qué loca idea, lanzar unas palabras en la marabunta cibernética que hablaran sobre todo de un mensaje de esperanza, de una búsqueda alegre de Sus huellas, que me permitiera más tarde seguirlas, pisarlas.

Hoy, la necesidad se ha avivado, el fuego de transmitir mi limitada pero feliz vida se ha intensificado, por eso creo que merece la pena.

Desnudar el alma conlleva el riesgo de quedarse a la intemperie, y sin embargo yo, me siento totalmente arropada y acogida, querida, aceptada en mis pasos cotidianos, por tí, que hoy lees esto.

No me gustaría parecer pretenciosa o arrogante, la verdad, pero no me atrevería a grabar estas palabras, si no percibiera que este torpe rincón ha tropezado con otros rincones, con otros sueños, con otras alegrías y vidas compartidas, con otras historias.

Y de pronto, casi de manera invisible, los caminos han comenzado a enlazarse, a unificarse, a desembocar en la misma fuente, a convertirse en un mapa de metro, de líneas multicolores, comunicantes, complementarias.

No tendría sentido celebrar este cumpleaños si no sintiera que “buscandotushuellas” camina con otros blogs, aprende de otros blogs, se hace carne con rostros concretos, traspasa la pantalla y se hace vida, no en solitario, sino contigo, que ofreces parte de tu tiempo a leer cariñosamente, a arrojar palabras de luz con tus comentarios, a hacerle un “click” a mi sendero… ¡gracias!, no sabes cuánto he aprendido con tus ecos.

Son muchas las personas que estoy encontrando, y ojalá sigan siendo muchas más, porque esto es la vida, encontrarse.

Gracias por dejarte encontrar, y sobretodo, gracias porque nos seguimos encontrando, domesticando, dejando de ser anónimos para ser únicos en el mundo, como les ocurría al Principito y al lobo.

Y a Ti Señor, qué decir… con blog o sin él, yo siempre estoy BUSCANDO TUS HUELLAS, porque Tú  eres el camino que quiero vivir.